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A DOS METROS DE TI

A QUIEN CORRESPONDA

En Cartagena a finales del mes de noviembre cuando han inventado eso del Black Friday. Sí, el otoño es la primavera más larga del año por este rincón del Sureste español. El tiempo suele ser suave: no hace ya calor, pero tampoco frío; aunque de cuando en cuando llueve y no sin enfado. La gente nos echamos a correr a comprar la última ganga y yo no te espero por Internet: sería demasiado lejos y tengo bastante con los dos metros que impone con férrea ley (ésa que no se cumple en su genuino sentido) la dichosa pandemia que sigue asolándonos. Escribo la presente para rogarle que, si a bien lo tuviera, se acordara de los abogados y los desamparados de la cultura, así como de la gente que ya hace colas en espera de hacerse con lo más básico. No es Black Friday para ellos o, bueno, sí lo puede ser si hay suerte y, tal vez, en el contenedor de la esquina de mi casa haya hierro o alguna cosa suficiente para pulir. Yo no voy a comprarle nada más que mi amor a ti, a ella si acaso me lo negara, aunque tuviera razón, y a Vuestra Ilustrísima. le imploro, cuando no le lloro por estos desventurados.

Me gusta el otoño, mas no éste en que -como Vuestra Ilustrísima sabe- no cabe ni se debe tener retoño. Las cosas están mal como consta en el expediente que me mandó incoar un día que parece ya de la Antigüedad, qué subjetivo es el tiempo, Cielo santo. Cielito mío yo te quiero con o sin regalo de Black Friday, no me hacen faltan las prebendas que se dan a ciertos personajes de la vida pública. Qué digo dan: A Vuestra Ilustrísima consta más que sobradamente que ellos se las pintan solos para recaudarlas de lo común. Como diría el latino que, en este caso soy yo que tiene el honor de comparecer ante V.I., en este país la res-publica (la cosa pública) es como la res nullius, o sea, la que no es de nadie y cualquier desaprensivo puede tomar para sí; aunque impere la nullius in verba  o en palabra de nadie como si no se supiera en voz de todos, como a V.I., sin que uno sepa muy bien por qué, no ordene las diligencias oportunas.

Sí, el otoño es la primavera más larga de Cartagena, y eso que la de este año ha sido extensa por el llamado confinamiento. No me queda más que volver a rogar a V.I., aun a riesgo de pecar de reiterarme, que piense en los más débiles y que tome las medidas oportunas. Y asimismo, con el debido respeto y en estrictos términos metafóricos (no vaya V.I. a malinterpretarme y crea que mi deseo es fomentar la promiscuidad) que aplique el cariño a sus rectas y siempre sabias decisiones. Yo sólo espero que el ordenador me deje marchar, encontrarte, mi amor, en la esquina del trabajo -quizás con tu paraguas al viento- y, con el permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide, tomarme un café con un beso en una terraza del barrio. Te quiero.

Es Justicia que espera merecer del recto proceder de a quien tiene el honor de dirigirse. En Cartagena,  Otoño de dos mil veinte.

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Aniceto Valverde.

Nota: Este año de 2020 hace un siglo que nació ese gran poeta que fue Mario Benedetti.  Este texto es una burda inspiración de su estilo. “¿Pero, qué dice, estilo? Yo no creo en los estilos”, diría él.

Aniceto Valverde
Colaborador
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