Publicidad

Estás solo enfrente de la pantalla del ordenador o quizás del móvil. Miles de artículos pasan delante de tus ojos; artículos digo de productos en el sentido gramatical de la palabra. Son tantos y unos están en promoción, pero están fabricados en la Conchinchina y no te inspiran confianza. De algunos, seguramente esos de dudosa calidad o procedencia, te aseguran que los recibirás en casa en veinticuatro horas. Su precio y esa diligencia ya te excitan en una clara incitación a la compra… Pero clientes que los vieron, echaron un vistazo también estos otros. Tacatac y te sale debajo de la pantalla un sinnúmero más de productos, asimismo patrocinados y lentos o rápidos, con entrega garantizada, pero cuyas descripciones o enumeración de características es a menudo confusa, parcial o simplemente es que no se entiende un carajo. Bueno siempre cabe una devolución sin papeletas. Y aun así la página todavía te sigue indicando que los clientes que compraron el producto de marras, también adquirieron un millón de metros de cable o miles de tornillos de rosca ancha y una pala para el jardín. Y no acaba en ello la cosa porque abajo aparece la sección de valoraciones del producto y opiniones sobre el mismo, a valoraciones y opiniones de otros compradores -si las hay- y veces tan ininteligible como la propia descripción del artículo, e incluso en algún idioma extranjero. Y aún no acaba ahí la cosa porque, por último si cabe en este mareo incesante, aparece el espacio de “preguntas contestadas”, si las ha habido también, que si no te quedas a dos velas…

El caso es que, incluso con todas las dudas del mundo, tienes que comprar impulsivamente el artículo, si no varios, casi que mejor, así los recibes todos juntos. Tramitas el pedido a través de tu tarjeta de crédito directamente o eso que llaman Pay-pal. Te llega un mensaje de confirmación a la dirección electrónica o e-mail que diste en su momento. Su compra ha sido realizada con éxito.

Empero lo mejor de todo es la espera del producto. Esto ya es que excita a tope. Siga su envío en directo. Y puedes ver si ha salido ya del almacén, si va en tránsito o se encuentra ya en reparto. Si es así la adrenalina te sube ya hasta el tope y no te atreves ya ni a ir al cuarto de baño no vaya a ser que en ese momento llegue el paquete tan ansiado. Das vueltas por la casa para hacer tiempo. Al repartidor le quedan cinco entregas antes de la tuya. Por fin llega el envío. Lo abres. Qué distinto es de lo que parecía en Internet. No tengo nada contra los pobres repartidores, las personas, a los que llevan controlados al milímetro del cronómetro y con la lengua fuera.

Aniceto Valverde
Colaborador
FacebookTwitter

 

 

Publicidad

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.