Eladio Palmis
Juan Eladio Palmis
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Algunos, muchos votantes murcianos, quieren tirar la piedra y después esconder la mano. La gente que está deseando que vuelva la ciencia clerical, aquella que condenaba, por ejemplo, a la pena de muerte por adulterio e infidelidad a una mujer cuando paría dos niños, es la que ha votado, ahora dicen que por rabia, a la extrema extrema derecha, que es la que está poniendo en su sitio la verdadera dimensión social y política de la cortijá murciana.


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La cortijá murciana no debe de dar marcha atrás, y seguir adelante con el mandato que, sumando votos, ha logrado en las urnas, y si tal cosa conlleva el que “nos den” la independencia desde el resto de España, tenemos que tener la hidalguía, la tradición, de seguir adelante con la voluntad popular reflejada en las urnas de que nuestra tierra sea diferente, singular, sin nada que ver ni opinar como lo pueda hacer el resto de la equivocada España.

La cortijá murciana tiene un futuro diferente de esa parte de España, ñoña, que se quiere introducir en un mundo donde se atenúen las diferencias sociales y, como consecuencia la calidad de vida; con lo bien que se han portado de toda la vida los señoritos con el derecho a pernada, y algunas sectas dominantes a garantizar por escrito que en el cielo como en la tierra no hay que pagar el Ibi.

Ya se ve la consecuencia. Y nadie se puede poner triste ni alterar la voluntad popular que ha establecido que lo que han dicho desinteresadamente tres salvadores de patria, en este caso murciano cortijero, salvadores regionales a imitar por su buen hacer y saber por el resto de España, que se quiten constituciones y cosas propias de gentes que no gozan de la tremenda intelectualidad murciana, que brilla solica, sin necesidad de darle a interruptor ninguno: simplemente dejándolos como están, solos, a su manera disponiendo.

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Si el conocido o denominado como el tecno científico actual, en la cortijá murciana ha cuajado en una asombrosa realidad que está cambiando la cultura por una barbarie que pensábamos algunos que habíamos superado, el comportamiento de la actualidad cortijera, está diciendo todo lo contrario, y se está dejando absolutamente todo en manos de iluminados que no han caído de las nubes, sino que han sido votados, y recompensados con unos sueldos que ni en sus mejores sueños podían pensar que podían llegar al alcance de sus manos por su ciencia.

La Universidad debería hacer al hombre laico; pero, no, porque para eso ya está lo murciano; una forma de ser que está destacando en toda una España donde la alfabetización, la educación, los derechos sociales, están en las temblorosas manos de unos políticos que actúan a su gusto y manera, que, en el fondo y en la forma, es el gusto y manera de toda una tierra con un norte diferente a todo el resto de una equivocada España que no reconoce, ni tan siquiera, los tremendos valores que amparan las decisiones de la cortijá murciana.

Las mujeres que morían en el primer parto, iban hacia una isla que existía, en la creencia Nauatl mexicana, en el Poniente. España, la España moderna, parida de un parto sin dolor en la cortijá murciana, no está al poniente de nada, sino que está en el levante más venturoso, para que nos vayamos a la puta merde.

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