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lun. Ago 19th, 2019
"Asamblea Regional. Las cochinadas, fuera de Cartagena." Por Juan Eladio Palmis

"Asamblea Regional. Las cochinadas, fuera de Cartagena." Por Juan Eladio Palmis

“Asamblea Regional. Las cochinadas, fuera de Cartagena.” Por Juan Eladio Palmis

No creo que sea motivo de orgullo para nadie, salvo para las puntas mafiosas de los tomasinos y los amichis, que sea en la ciudad de Cartagena donde vengan: corbata y gomina, mechón y apretado pantalón moderno en ristre, a fraguar las marranadas políticas que ya se están dando en la tierra murciana; que parece haber tomado a Cartagena por su vertedero de inmundicias.

Yo soy consciente de que aquella Cartagena que en su día le pegó fuego a la Asamblea para llamar al orden a los políticos que estaba trillando fuera de parva, ya no existe. Uno es consciente que la Cartagena actual forma parte del tatuado y moderno destino en lo universal, que nada tiene en común con un tiempo de lógica cuando el obrero se sentía obrero y no patrón de su remo como ahora, donde rema esclavizado al banco; pero contento porque viaja en galera.

Quebrantar, ultrajar, alterar, pasarse por el forro la voluntad popular de los votos, es darle un portazo real a la democracia, y que surja una cosa parecida, que la podemos denominar democracialina, pero que nada tiene que ver con la democracia que representa la voluntad popular. Y aunque intenten decirnos que las churras y las merinas juntas hacen ganado, todos sabemos que no no hacen rebaño para sacar a pastar. Todos sabemos que en España, y más acentuado en la cortijá murciana, la izquierda social y progresista, la desinteresada, no está etiquetada y descansa en el ansia de un puñado reducido de hombres y mujeres; pero que aquí, acá, lo que predomina es el panceo neoliberal cristiano de mobiliario de diseño, nada de Ikea, porque se sale y se entra con más facilidad.

Dicen que uno empieza a hacerse viejo cuando se le va la vida por la añoranza de otros tiempos. Y puede que ese sea el motivo por el que un servidor se muera por otros tiempos que nos llevaron a crear una sanidad pública fuerte; a quitar el pluriempleo franquista; a que los hijos de un obrero pudieran estudiar una carrera en la Universidad (¡cosas de la vida, ahora de los más fascistas!); y a un sinfín de logros, que cuando se viaja fuera de España, se añoran junto a su excelente comida. Pero que el grupico que nos ha llevado a una deuda superior a los catorce mil millones de euros, sigue estimando que todavía se puede endeudar por más milenios a la cortijá, supuesto que ellos no van a contribuir sino todo lo contrario.

La tierra murciana es la tierra de los políticos globulares que, al igual que los rayos oscuros, los rayos de las tormentas eternas que caen en una zona del lago Maracaibo en Venezuela cada noche, aquí aparecen en forma de políticos para con su luz oscura condenarnos a ser los últimos de España desde el ferrocarril a ser los españoles con más pupas sobre nuestros esqueletos, sin que se sepa exactamente en Maracaibo cual es el fenómeno que lleva a esas noches de puro temblor por culpa de los rayos globulares. Y sin que sepamos en esta tierra, concretamente en Cartagena, qué es lo que hemos hecho para que uno sienta vergüenza ajena cuando sale fuera de esta tierra y lo techan de desdichado los propios de dentro porque no lleva escapulario.

No quiero ni deseo para los míos el futuro que actualmente están barajando para Cartagena gente de Barcelona, empresarios de Barcelona (más claro agua) contraviniendo las más elementales reglas de la democracia que costó muchas vidas llevarla a un fin popular, para que ahora cuatro nos burlen en todos los sentidos de burlar.

Y, como dice un dicho popular, que no se olvide que donde hubo, siempre algo queda.

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