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Lun. Mar 30th, 2020
Juan Eladio Palmis

Juan Eladio Palmis

“Autobuses gratis y gases para todos” artículo de opinión por Juan E. Palmis

Resulta trágico e infantil la medida tomada por unas gentes instaladas en el ayuntamiento de Cartagena, que cada día nos cuestan (si juntamos a todos los que no hacen naica) una cantidad de euros, superior a los 520.000 € diarios, Y que, encima, como saben que no los pueden exhibir en su irregular reparto, se los gastan fueran de la ciudad, y los comercios locales, uno a uno, dos a dos, van cerrando sus puertas inexorablemente, mientras que es muy difícil que el objetivo programático trazado (único) de no repetir vestido ninguna de las dos alcaldesas, se está cumpliendo; y todos felices.

El hecho de que en vez de atajar el mal de raíz, puesto que la contaminación en Cartagena no la producen los coches que puedan circular en un par de días por el casco antiguo de la derrotada y saqueada ciudad cartagenera; sino que todos sabemos que la contaminación ambiental la sufre Cartagena por lo que vierten (a su gusto y real descontrol) el Valle de Escombreras, además de los contaminantes que aportan al aire los gases venenosos y cancerígenos, que destilan los suelos de Potasa y Derivados, y Zincsa, juntamente con las polvaredas de los residuos mineros.

Pero un complot municipal (el de la Trinca), organizado simple y llanamente para mantenerse con sueldo un puñado de gente que la mayoría de ellos ni soñaban con lograr alguna vez unos sueldos semejantes por decir cuatro chorradas, está centrado precisamente en eso; en no perder el sillón y ver el modo de logar perpetuarse de un modo o de otro viviendo de la olla grande.

Todo tan vulgar y tan infantil, que el submundo en el que ellos viven, sin ninguna ventana abierta hacia generar empleo (fuera de asesores y sus allegados todos a sestear en la “Casa Grande”) o modernizar y poner a Cartagena, mediante la tecnología actual, en los días actuales, nos está llevando a un pleno dominio de las ratas que están campeando por barrios enteros.

Cartagena ya tendría que tener funcionando su Plan General de Ordenación Urbana; Cartagena hace años que en vez de romper pavimento nuevo en los entornos del puerto de Puerto Basuras, con un aspirador moderno (estilo de los que dragan los puerto de Europa) dragar el fondo de la cloaca en la que se ha convertido el puerto y darle vida a sus aguas; Cartagena, tenía que estar repoblando sus montes; Cartagena tendría que EXIGIR al Valle de Escombreras, precios especiales para la energía, y un CONTROL REAL, de lo que emiten a la atmósfera y a tierra o bajo ella; Cartagena tendría que ser un puerto de mar con pasaje y carga y estar comunicada con África; Cartagena tendría que declarar el Mar Menor como espacio Protegido y devolver en valor comercial y turístico, poco a poco, al entorno litoral que le afecta, solucionando de una vez, sin robos ni rapiñas, lo tremendo y terrible, letal para la vida, de Portman.

Que las sectas religiosas se autofinancen sus devociones y sus palacios. Que los monumentos, viejos edificios, baterías de costa y aéreas, se les de utilidad pública mediante cesiones. Y que realmente exista un programa efectivo de trabajo, que le de seriedad a una ciudad que encima de estar encuadrada dentro de una cortijá hipotecada al franquismo más atávico, en muchas ocasiones es el foco que le brinda ideas y comportamientos.

Ahora, cuando los contaminantes que generamos nosotros, en virtud del giro de los vientos locales (se puede ver en el mapa isobárico diario) no los dejan escapar y marcharse fuera, lejos, la gran mentira de un país doblegado exactamente igual que Cartagena a la indolencia y la despreocupación por el medio ambiente, dicen que todo es culpa de los moros, que contaminan mucho.

Y nos soplan (como si fuera una novedad los lebeches) vientos sureños libios.

Eladio Palmis
Colaborador
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