Juan Eladio Palmis
Juan Eladio Palmis
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Le estoy dando, con mis quejas personales, mucho juego de oportunidades de hacer méritos, no sé bien el por qué de la razón de que sean principalmente a mujeres, que se les nota a la legua en su contra- comentarios, que están inscritas en la fabulosa lista de espera para un trabajo municipal o sucedáneo, que nos lleve a los dos mil funcionarios en Cartagena con todos los servicios cedidos para el “negosi de los amichis”.


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Desde nuestra clara y transparente para las cuentas públicas y para lo que le eches Comunidad Murciana, o Cortijá Murciana, tanto monta o monta tanto, ahora resulta que cuando se cede un servicio público municipal, lo único en realidad que se cede son los recibos de cobro del servicio a los vecinos, porque las inversiones, el gran mantenimiento, la depuración de aguas o el depósito de basuras, la posible inversión y mantenimiento corre por cuenta nuestra: de todos los vecinos.

El cobro de los recibos de los servicios municipales públicos en manos privadas, al parecer, y según algunos escritos muy “suaves”, dejan un margen muy grande para que unas, en Cartagena, alcaldesa, piensen que los veranos en Estonia, Letonia, Lituania tienen que ser más frescos que aquí. Y otras, concejalas, que una ciudad de más doscientos mil habitantes con un término municipal de los extensos de España, como mejor está y es digna de ser premiada es estando sin Plan General de Ordenación Urbana vigente y actualizado, tal y como no ocurre en toda Europa ni en África; y mucho menos en Francia.

Y tales excelsos procederes y logros, producen mucha realidad al comprobar como, en el fondo de todo, los políticos, nuestros amados políticos, todavía les queda un tremendo margen para hacer lo que les venga en gana, porque para los de la lista de espera de un puesto de trabajo donde se cobre y no se trabaje: el barómetro municipal y regional de gentes para todas nuestras autoridades, todavía quedan espacios en los campos para llenarlos de basura y posibilidades de asesinar más cualquier chorrico de agua.

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Está semana que está tocando a su fin, asistí atónito a como unos críos de unos diez años, que se estaban bañando en la orilla de Puerto Piojo, salían corriendo de las aguas sufriendo unos tremendos picazones dolorosos por todo el cuerpo, principalmente en las piernas, de algo que tuve intención de fotografiar, pero que vista la importancia que le dieron al asunto los mayores, me abstuve, porque sarna con gusto, no duele ni pica, dice el refrán.

Como si fueran almacenes expendedor de bebidas o alimentos, tanto el Puerto de Cartagena, como las empresas adjudicatarias de la limpieza y las aguas cartageneras, que hace años dejaron de ser servicios públicos y se convirtieron en empresas con resultados contables; el puerto, con análisis sobre el papel de aguas más que puras, y, según, sobrándole el dinero pero desde hace unos cincuenta años o más que no draga ni limpia los fangos de los fondos, el que quiera llenarse de pupas, ya le estoy indicando un lugar donde poder hacerlo en agua podrida, corrompida.

Y la empresa de la basura, con montones en los campos que superan los cinco años de permanencia, aumentados cotidianamente, es una empresa altamente rentable, encuadrada de lleno en esa tipología de empresas municipales que les permiten a nuestros amados concejales que no se vayan a sus casas con los tristes sueldos de concejales pelados; sino que gracias a sus asesoramientos y cargos institucionales en empresas de esa tipología y otras parecidas, cada concejal, según peso político, así se llena el sueldo de euros extras, que llevan un extremado cuidado que la opinión pública desconozca la cuantía.

Porque son asuntos privados, particulares, que están haciendo a España más España que nunca.

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