¡Cartagena. Aniceto Valverde
Cartagena. Aniceto Valverde
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La ciudad tiene un rostro que es el mapa de su vida. La huella que ha ido dejando ese aluvión de gentes que vinieron a través del tiempo. Una mujer misteriosa por su aire de presencia intangible, de mujer ausente y distante. Ésa que gira un momento la cabeza en señal de despedida cuando se marcha calle abajo o doblando una esquina, meciéndole por un momento el viento ese cabello que dicen cortado a media melena, una de cuyas crenchas a veces le cae sobre parte de la cara cuando te sonríe apoyando una mano sobre la mejilla.


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Cada uno trajo su idea y trató de llevarla a la práctica según la geografía urbana le permitió: estar entre cinco colinas, por poner un ejemplo, parece que les rompió un poco los esquemas a los romanos, y que luego hizo que se desarrollara como dejándose caer por las laderas de una de ellas, el monte de la Concepción. La ciudad es una mujer que parece que huye de sí misma y no se deja modelar y recorrer tan fácilmente. Por la mañana al despertar no encontrarás a tu lado más que el resto del calor que dejó en un sueño su cuerpo y esa estela invisible, el recuerdo de la noche, que dejan los seres que no pertenecen a este mundo, sino al de la imaginación y los sueños.

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Todos la han cortejado, pero nadie ha llegado a poseerla en su plenitud porque es algo que pertenece al futuro: nosotros nos iremos y no volveremos sino también en el recuerdo de quienes nos sucedan, a quienes dejaremos un legado en esa hipótesis de continuidad existencial de generación a generación, mediante nuevas vidas creadas a través del amor. Y la cuidad permanecerá como herencia.

Un legado escrito en la piedra donde ha quedado dibujado su rostro, el de esa mujer esquiva. En los edificios y en el conjunto, en la trama urbana que se diseñó según el modelo de sociedad de cada época y de su ambiente y conjugándose con lo que había antes. Ese daguerrotipo, esa foto fija de un entorno, de una cara que un día se convirtió en conjunto histórico para preservar y transmitir: es  patrimonio de todos, de la Humanidad.

Aniceto Valverde

www.expresodemandarache.es

 

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