"Cartagena y Una Mujer", de Aniceto Valverde
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La Ciudad es a veces peinada por el viento que, como una maraña negra, arrastra ciertos humos a un lado de su cara ovalada, envolviéndola en tristes nubes grises. El pelo le brota desgreñado, que lleva como a media melena. La cara además de ser un óvalo en el que destacan unos ojos de miel, está cuadrada de edificios. Y es como blanca, parece una máscara, muchas veces inexpresiva. Uno o una nunca se aclaran con ella. Tú sí, Pilar Marcos. Yo creo que tú si la entiendes y luchas por ella. Yo no la entiendo. Para mí que se polariza en exceso, sentimientos o sentires contradictorios.

Ciudad, a veces tan blanca que raya lo lívido y marginal. Apenas coloreada en el otoño. O desnuda. Tan sólo sus mejillas, de cuando en cuando, se alumbran y muestran algún resquicio de rubor. Haces, Pilar, un poco más humana la Ciudad, que es preciosa en su conjunto, muy profunda; honda de ser tan vieja como lo oscuro y nueva como la luz blanca y sus hijos.

 

De la cara invernal de la Ciudad, que veo triste como la de la Luna, nace apenas una nariz. Tiene unos preciosos ojos pardos. Son como ventanas que miran a un cielo no siempre diáfano. Tú luchas contra ello porque son palabras de amor las que te gusta oír de la Ciudad y, tal vez, de los ciudadanos, de quienes la habitamos.

 

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Has paseado por el Muelle mientras una lengua de mar lame incesantemente la tierra o su cantil. Un chapoteo de beso a la Ciudad. Como un amor por el que luchas eternamente insatisfecho. Se quiere, se pretende, nunca se alcanza la perfección que buscas y has buscado en ella.

La Ciudad es a veces peinada por los vientos que vienen de la mar y que traen a la urbe ese amante siempre lejano, pero nunca olvidado, salobre, desconocido, cambiante, ambiguo, antiguo… Una lengua de mar que penetra en la tierra. Un mar con nombre de leyenda: de Mandarache. Una Ciudad que se asienta sobre la que es nuestra tierra y nuestra lucha.

Querrás volver a recorrer sus caminos. No desearás que tu memoria pierda un ápice de sus rasgos. Volverás a la lucha por ella. No podrás olvidar su cuerpo entero, su centro y sus barrios.

La Ciudad es una y doscientas mil historias a la vez. Has escuchado muchas de ellas. Como los cientos de miles de lucecitas que, con la caída de la tarde, reverberan en la mar desde la lejanía. La echarás de menos cuando te marches, como a una mujer, la Ciudad, en el recuerdo. La has amado como si estuviera lejos. Volverás a recorrerla. Como el viento que a veces pasa y tan sólo peina las calles cuando están desiertas.

 

Aniceto Valverde

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