Juan Eladio Palmis Sánchez
Juan Eladio Palmis
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Es un tiempo el que está corriendo, que se suele decir que todos los políticos son iguales; y, en realidad, es necesario matizar que todos los políticos en España, de pueblo o de capital, han llegado, todos juntos al alirón, al convencimiento de que son la casta dirigente y que están por encima de todo y de todos.

En ocasiones creo haber escrito que en plena posguerra española, lo poco que restaba después de estar pagando a varios países la tremenda deuda contraída por el franquismo por la compra de armamento, la calderilla sobrante, se la distribuían los que se consideraban “ganadores de la guerra”: el clero y los militares, y el resto de la población, si quería tener un frasco de brillantina para el pelo, tenía que meterse a estraperlista, o no perderse procesión para pasear al santo.

Hubieron años que había militares en todas y cada una de las actividades empresariales por fuera del oficio de ser militar, hasta el extremo que ellos mismos estaban en cierto modo asustados. Pero, puestos socialmente a elegir, en la época que hago mención, tenían mucho poder, pero carecían de la potestad de ponerse los sueldos que quisieran y de mantenerse en el cargo el tiempo que les diera la gana. Asunto que ahora pueden hacer los políticos españoles que gozan de un poder omnímodo sobre todos los estamentos del país y del Estado.

Y no es que tal sentir quede demostrado en las fotos que circularon en su día del chulesco Aznar, paseando por La Habana sin deferencia alguna al jefe del Estado Español, el Rey de aquel momento, sino que la cosa ha llegado a tal extremo que cualquiera de los abundantes concejales que pululan por los pueblos y a cientos, para nada, en las ciudades, ganan un sueldo mayor que cualquiera de los médicos o cirujanos, que por la ley de “birlo birloque”, son, a pesar de su manifestada por años y más que demostrada incompetencia, asalariados suyos.

El problema que ya tiene la sociedad que puede resultar superviviente al coronavirus, es que los políticos, su cantidad, superada probablemente entre ellos, funcionarios y consejeros, sobrepasan con holgura el ochenta por ciento (80%) de los que hay en activo actualmente. Y claro, como su faena no les arranca mucho sudor diario, por las buenas no van a realizar ninguna regulación de número y sueldo a voluntad propia, con el objeto de que España pueda salir adelante sin llegar a mayores con ellos.

En todos, absolutamente en todos los ayuntamientos, gobiernos comunitarios (que no sirven para nada) ministerios, Senado etc. etc. sobran gente por cientos de miles, que han sido los culpables del derroche económico que ha tocado a fin, aunque las campanas de los medios subvencionados, nada digan al respecto.

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Los partidos políticos tienen que vivir al nivel económico que les permita hacerlo las cuotas de sus afiliados. Las religiones tienen que vivir del mismo modo y manera. Una nación, España, solo debe de tener una capital y un solo gobierno, que para unidad política semejante, para el país único, nuestros antepasados se despanzurraron por millones, para lograrlo por siglos.

No cabe en lógica alguna, que los políticos, sin escalafón que los delimite, se propaguen como coronavirus chupadores y salgan de debajo de cualquier mesa, y se pongan, o le ponga el amigo, el sueldo que quieran.

Los nuevos tiempos que vienen en España, tienen que empezar por ahí. Todo lo demás son pan, pijo y hablas.

Eladio Palmis
Colaborador
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