Home Opinión

«El comunismo que tenemos en las administraciones públicas murcianas no lo quiero, que venga el capitalismo» un artículo de Juan Eladio Palmis

Juan Eladio Palmis
Juan Eladio Palmis

Que un rojo republicano, servidor, tenga que pedir a gritos y por escrito que venga el capitalismo a las instituciones funcionariales de la Cortijá Murciana, es un asunto de letal importancia social, supuesto que lo peor del comunismo, la dejadez, la corrupción, el desprecio, la superioridad que se creen poseer y la inmunidad social y criminal de la que gozan en nuestra región, especialmente los funcionarios del gobierno regional y municipal, es la peor cara que puede presentar una sociedad.

Me comentaba días atrás un empresario emprendedor, que ya ha invertido dinero en Cartagena, su aburrimiento y desgana porque lleva tres años esperando que de Urbanismo de Cartagena, simplemente envíen un expediente a Murcia. Pero, si no les da la gana de hacerlo, el caso, nadie les puede exigir nada porque están muy por encima, y en clamorosa desobediencia, de los inútiles políticos que en teoría, son sus jefes.

Y he querido anotar primero esto, porque el hecho de que los pocos obreros, o esclavos, que quedan trabajando mueran alcanzados por un rayo ante la indiferencia de los cuerpos encargados de proteger el mundo laboral; o que se caiga un obrero de un andamio sin que no cesen a ningún funcionario y todo siga igual, son los pasos necesarios para que en cualquier momento, por culpa de ese amasijo echado a perder funcionarios-políticos, se llegue a algún limite social de los muchos que, aunque solo sea a título de fecha, están reflejados en la historia sagrada de una España, que sigue siendo un estado pontificio del imperio papal vaticano desde la entronización a fuerza de guerra, de la reina Isabel I de Castilla.

Llorando no estamos solucionando nada. Los partidos de ensuciamiento nacional y los del churreteo local, sus directivos, dirigentes o amos, le han tomado miedo al estamento funcionarial. Y como ellos mismos y los sindicatos forman una parte activa de ese funcionariado que está haciendo lo que le sale de sus compañones, que van y vienen a su función a su gusto y placer, que hacen y deshacen como le da la gana, y, encima de su mal hacer, de sus silencios insultantes para la población, son aplaudidos desde los medios de comunicación, no existe pitoniso que pueda augurar un resultado feliz de semejante despropósito que nos tiene a todos hipotecados.

La que estamos denominando como democracia española, que con la bendición apostólica de su santidad y previos informes favorables de sus adelantados imperiales obispos y cardenales, en países bajo su bandera están indicando que todo rueda como tiene que rodar para que aquellos que deberían de estar en número adecuado y necesario al servicio de los ciudadanos, no solamente estén en número de cantidad de demencial abundancia, y, encima, no podemos molestarlos, porque unos son del opus-pus, otros de fulanico o menganico, pero muy pocos son los que recuerdan que les pagamos desde el pueblo y la gente.

La democracia española, incluso la que nos ha dejado el imperio, para que funcione, supuesto que no somos trigo limpio ni uno solo, necesita que exista un poder corrector de entuertos; para el caso, la justicia, que aquí en la cortijá ni existe ni se le espera. Y que los servicios públicos se nutran de gente solamente la necesaria y con responsabilidad laboral.

Y no que hagan lo que sale de sus compañones y chichis, ante el llanto general de todos los pasivos sufrientes que se lo permitimos. Y los cagaos de los políticos mucho más.

Eladio Palmis
Colaborador

NO COMMENTS

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Salir de la versión móvil