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Vie. Abr 10th, 2020
El Consejo de Gobierno declara BIC el Puente Viejo de la ciudad de Murcia

El Consejo de Gobierno declara BIC el Puente Viejo de la ciudad de Murcia

El Consejo de Gobierno declara BIC el Puente Viejo de la ciudad de Murcia

El Consejo de Gobierno ha dado el visto bueno, a propuesta de la Consejería de Educación y Cultura, a la declaración del Puente Viejo de Murcia como Bien de Interés Cultural (BIC), con categoría de Monumento.

La declaración como BIC del Puente Viejo establece que las intervenciones que se realicen en el monumento y su entorno deberán ir encaminadas a su conservación y mejora, compatibilizándolas con los usos tradicionales del elemento y el entorno en que se inscribe. Cualquier intervención que se realice en el monumento y su entorno distinta a las propias de los usos tradicionales deberá contar con la previa supervisión y autorización de la Dirección General de Bienes Culturales.

El Puente Viejo constituye un elemento esencial en la configuración del paisaje urbano de Murcia y en la relación de la ciudad con el río Segura. Junto a la imagen de la torre de la Catedral y las edificaciones del antiguo Arenal, conforma la imagen más emblemática de Murcia, como ciudad surgida al amparo del río Segura y su huerta. Se ubica en el lugar de confluencia de los principales itinerarios de la antigua ciudad medieval, constituyéndose en el elemento generador de su expansión y verdadero nodo de la trama urbana de Murcia.

Desde el punto de vista estrictamente material, se trata de una obra de ingeniería del siglo XVIII de primer orden, que vino a dar solución al problema de la relación de la ciudad con el río, articulando elementos de regulación y aprovechamiento de su cauce, mediante el azud.

Tras la riada de 1701 que destruyó el antiguo Puente de Alcázar y dejó durante varios años incomunicada la ciudad, en 1718 se encargó la construcción de un puente de piedra al maestro Toribio Martínez de la Vega, con un presupuesto cercano al medio millón de reales. El proyecto de Martínez de la Vega planteaba un puente de dos arcos con un sólido tajamar central, asentado sobre el azud. La obra se paralizó por falta de recursos.

En marzo del 1739 se reiniciaron los trabajos bajo la dirección de Jaime Bort, quien colocó las claves siete años después. En 1740 se colocó la imagen de la Virgen de los Peligros en el estribo derecho del puente; de ahí que se conozca también como ‘Puente de los Peligros’. Jaime Bort añadió también los templetes sobre los tajamares, en los que se instalaron las imágenes de San Miguel y San Rafael, realizadas por Joaquín Laguna. Estos templetes desaparecerían con las ampliaciones realizadas en el siglo XIX para ensanchar las aceras mediante una estructura metálica.

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