Juan Eladio Palmis
Juan Eladio Palmis
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Carpe Diem

El virus parece ser que sus engendradores lo desarrollaron teniendo en la mano y copiando una radiografía de la Trinca municipal cartagenera, y lo fabricaron a su imagen y semejanza: Porque no se ven; pero cuando vienes a darte cuenta, ya han jodido una parte de la ciudad con sus vecinos dentro.

Ellos van a lo suyo; y lo suyo no es lo nuestro. Lo suyo va con ellos en matiz o fase personal particular, y sigue en el orden de servir a los cuatro o cinco caciques a cuya disposición y barrigueos están día y noche. Porque en el caso del clero vaticano o cualquiera de sus santísimas ramas, ahí no están a su disposición, ahí mandan los otros: pastores que apacientan el voto cautivo y se lo sirven, generalmente en silla de ruedas o en andar vacilante, al político o partido que se sienta feliz alimentando un palo seco, con o sin peluca, antes que a un ser humano.

En el Monte Cantarranas “los tres partidos políticos que se amasaron en uno solo en beneficio de Cartagena”, en ningún momento para beneficio propio, había un antiguo transformador de electricidad, que estorbaba en su posición para que el fruto de aquella canallada de la sociedad municipal pistolera Puerta Nueva, pudiera darle rendidura a la cacicada cartagenera y que pudieran construir al estilo del edificio en estructura, que está pacientemente esperando una oportunidad para tabicarlo, en contra de toda normativa legal, y venderlo en racimos mafiosos a los cartageneros, y joder el corazón urbano de Cartagena.

Se barajaron cinco emplazamientos nuevos posibles para quitar de en medio y que no estorbara el viejo transformador. Y saben, queridos lectores, cual escogió y aceptó la Trinca cartagenera de los cinco lugares, uno de los cuales era ubicarlo junto a una escuela infantil municipal; pues, precisamente ese: ponérselo a los niños lo más cerca posible para que sus radiaciones los haga más hombres y mujeres, y el caciqueo que controla desaforadamente y en plan Atila Cartagena, no pierdan unos metros de edificación, porque ya nadie quiere tener un transformador de vecino.

Excepto, claro está, los niños cartageneros que todavía no saben la suerte que tienen con la pasividad política de sus papas que se las pasan todas a la Trinca, juntamente con todos los estamentos de vigilancia, en pos de que los caciques sigan haciendo la Cartagena más bonita del mundo mundial.

Empecé diciendo que el covid, de tener ideología, encaja perfectamente para ser dado de alta con todos los honores en agrupaciones políticas de la tipología de las trincas murcianas, porque no se ven cuando está jodiendo a la gente, normal y generalmente a los de escaso poder económico, mientras que para disimular, de vez en cuando le riñen a un rico; pero todo atado y bien atado desde los medios de comunicación.

Nadie sabe en qué va a terminar todo esto; pero existen estamentos y asociaciones, que siguen acaparando y procediendo como si todo vaya a tener una vuelta a lo que llamamos normalidad que es exterminar a todas las especies vivas del planeta, acabar con los bosques, contaminar todos los ríos, secar y contaminar el agua superficial del planeta, y hacer burradas urbanísticas del estilo cartagenero.

Y es muy probable que ni el dinero, señores de la Trinca, vuelva a tener valor por encima de la salud.

Eladio Palmis
Colaborador
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