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«El oro de Moscú y el oro de Cartagena» artículo de Juan Eladio Palmis

Juan Eladio Palmis
Juan Eladio Palmis

El llevado a la opinión pública vulgarizado y popularizado por los cultos partidos políticos nacionales españoles que van ganando la partida, como el Oro de Moscú, que, a pesar de que intelectuales de la talla del profesor, economista, y financiero vasco, presidente del Consejo de Administración del Banco de Bilbao José Ángel Sánchez Asiain, en su trabajo de más de veinte años de investigación y estudio, publicó en su día “La Financiación de la Guerra Civil Española”, Premio Nacional de Historia de España, sus más de tres mil páginas, están todas de más para lo mucho que están puestos en asuntos de comunistas, los abundantes intelectuales de los citados partidos políticos de la culta España.

Por culpa del covid, que a un servidor como a muchos, que no fueran gente importantísima socialmente como los clérigos, le quitó toda movilidad, estaba con cierta proximidad documental de aportar algo, que fuera un complemento al excelente trabajo que se lee de un modo ameno, desarrollado por un hombre de prestigio como fue don José Ángel Sánchez Asiain, y que probablemente ningún cargo de los partidos españoles doctos en la lucha anticomunista, van a leer.

Servidor quería encontrar algo que está oculto en la propia Cartagena, y que entre Consignatarios de Buques, Ayudantía Militar de Marina, Capitanía de Puerto, Archivos y demás; que son los manifiestos de descarga y carga de los cinco buques soviéticos, que estuvieron por el puerto de Cartagena en la fecha en la cual los accionistas de un banco español, que se llamaba Banco de España, como había otros que se llamaban Banco de Murcia o de Valencia, hicieron con sus reservas de oro lo que les salió, como buenos y poderosos banqueros, de sus compañones, porque no se fiaban de dejarlo en Madrid y lo trincara el fascismo mundial.

Luego vendría la copla y el cuento de los grandes politólogos españoles sobre el Oro de Moscú y su robo que nos empobreció porque todo el oro expoliado en Las Indias, el oro imperial, estaba allí, santamente guardado para ayudar a los pobres.

En Cartagena, en la Cartagueto de la Trinca municipal, se mueve un oro anualmente para sacar a los pobres de su pobreza; Y, como es un acto emotivo y de una generosidad tradicional de la ciudad, base de su cultura caritativa y solidaria, se visten con sus mejores galas tanto los ediles como el clero.

Y el clero, un intermediario que aparece anualmente para encargarse de repartir el oro cartagenero entre los pobres y los necesitados, porque en el ayuntamiento están muy ocupados en otras tareas que le impiden hacer la gestión, y la iglesia católica, desinteresadamente, se ofrece a trabajar día y noche al respecto contra la pobreza, y poner de sus alforjas y tesoros lo que haga falta, que para eso tienen mucho más dinero y oro que nadie en el mundo mundial.

Cuando conducían, resultado de un santísimo auto de fe realizado a instancia de la santísima inquisición, a algún reo a quemarlo vivo por causas tan graves como haber escrito de derecha a izquierda, utilizando grafías de las doce millones que constituyen la lengua árabe, se procuraba alargar el recorrido del desgraciado y endemoniado personaje, para, en el trayecto, gentes afines, muy afines al clero, pedían limosnas para celebrar santa misas por la salvación eterna del reo que iban a pegarle fuego.

Tradiciones así, tan redondas y de tanta rentabilidad económica, deberían de volver; pero claro está, sin necesidad de quemar a nadie; pero dando un escarmiento a los comunistas. Y no es por nada, no conozco a fondo en otros lugares, pero por mi condición de haber vivido en Lo Campano, recuerdo con emoción cuando el clero subía y repartía el oro anual municipal entre las gentes necesitadas, sin, ni tan siquiera calentarlo en sus manos.

Y, a otra cosa, mariposa.

Eladio Palmis
Colaborador

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