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Suelo escribir en ocasiones, que nunca, en el extranjero de Cartagena nadie me ha hablado evocando las prosesiones; pero a lo largo de mi ajetreo por el planeta, en varias ocasiones algunos hombres me han preguntado evocando el lugar emblemático del Molinete: Lugar donde decían los curas el más alto y cercano al cielo en Cartagena, pero, paradójicamente, el más próximo al infierno.


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En concreto, el ignorante de servidor, no tengo ni idea de lo que ha venido a inaugurar el rey en el Molinete, porque si es una cerca con unas ruinas dentro, que sin sisa inicial tuvo que constar un cojón y la yema del otro; con la sisa municipal cartagenera incluida, tuvo que valer lo equivalente a descontaminar los suelos de Potasas, para los que no nunca hay dinero.

Al margen de que si son tales los restos arqueológicos que ha venido a inaugurar el rey de España, los citados llevan siendo explotados por alguna “consignada amichi” un chorro largo de años. Y, tal cosa, sería una excusa más de las muchas empleadas en Cartagena para darse una vuelta por el animado Molinete, especialmente cuando los ejércitos españoles de todas las armas no le tenían miedo a las purgaciones; o, algunos decíamos aquello de que nos gustaba aparcar el coche allí arriba porque estaba más seguro que en otro lado.

Como buena ciudad defensora del voto de obediencia en su condición de pertenecer a un Estado Pontificio, Cartagena no iba ser menos que otras partes de España donde es muy común de señalar una piedra y decir que la señalada, la piedra en concreto, es una piedra romana; porque antes de ellos ni piedras había en el solar ibérico.

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Semejante desprecio histórico respecto a la edad de las piedras, o a las muchas gentes ibéricas que habitaron y poblaron estos lugares, y que lo único que hicieron los componentes del mal llamado imperio romano, fue esclavizarlos y joderlos, resulta ya cansino, aunque tal asunto creen que le puede dar prestigio a los herederos del imperio militarista y destructor para lo ibérico que fue el mal llamado romano, porque se nutría de mercenarios de todas partes.

Con el costo de los dos viajes que acaba de hacer el rey a Cartagena, que, al margen del gasto, en un solo se podía haber realizado todo; Y, por otro lado, está el esfuerzo tras la mascarilla para no reírse, de mi admirado Lorzas, de mantenerse serio, circunspecto para la ocasión de visitar oficialmente a su querida y preferida ciudad de Cartagena, nada menos que acompañando al rey de España, y nada menos que estar próximos y oliendo todos los vetustos aires de una zona, el Molinete, que hizo famosa a Cartagena por encima de cualquier otra actividad laboral tan artesana.

Sé que no conduce a nada; pero el hombre lleva utilizando la piedra para sus acomodos miles y miles de años; y las amontonaba para hacer sus habitáculos o nivelar los suelos, mucho antes que los romanos a los que hace referencia la llamada “cultura” española, le atribuyan ahora desde los centro de dilapidar los fondos públicos que son piedras de los romanos; y la suerte que tienen los muy mamones es que las piedras, pobrecicas, no pueden hablar ni defenderse.

Aunque sé que estos renglones no le llegarán al rey, ni incluso a sus bailaguas, sí quiero dar anotación y recordar que un espacio urbano cartagenero, uno más, que constituía una parte histórica de la vida y efemérides de una ciudad, unos brutos políticos, a cambio de dinero, con una impunidad total, la tiraron abajo, lo destruyeron todo y dejaron a Cartagena sin referencias.

Por eso, cosas así, parecen como recochineos.

Eladio Palmis
Colaborador
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