Juan Eladio Palmis
Juan Eladio Palmis

Ha llevado su tiempo, pero se ha conseguido que Cartagena se limite y reduzca al eje de la calle Mayor, Puertas de Murcia, Carmen y Santa Florentina; y todo lo demás del caserío son como barrios o pedanías que solo cuentan a la hora de pedirles los votos, para que después los partidos políticos hagan lo que les venga en gana para beneficio sus cuentas corrientes, entrenadores y jugadores.

Y por otro lado se va viendo perfectamente como de la mano de gente, según ellos más que capacitados, Cartagena es la expresión más clara y diáfana de que a no pasar muchos años, las grandísimas ventajas que han llevado a que la enseñanza religiosa desde cantar las vocales entre cagones y el gregoriano en la universidad, han llevado a países riquísimos en recursos, con unos simples toques de violencia inyectada, sean obedientes a tope y dejen sus derechos en manos de los que mejor los saben administrar: las sectas religiosas.

Cartagena ha perdido (hace años que solo es un edificio con buche de dragón) su ayuntamiento, sus antiguas casas consistoriales, por la realidad de un grupo nombrado a dedo: La Junta de Obras del Puerto, que goza de mucha más maniobra de distracción de todo tipo y recursos, que la ya tremenda libertad municipal de actuación y maridaje con la especulación y pasarse la normativa por el arco del culo.

Las sociedades anónimas municipales, han contribuido y siguen contribuyendo a la distracción de los fondos del erario público municipal en pos de una mejor distribución personal de los políticos que están jugando en el campo el terrible juego arbitrado y pitado por unos dragones especulativos, que han logrado que no exista en toda España una sola ciudad cuyo perímetro urbano no esté igualado en miseria, droga e injusticia.

Pero como estos renglones van dirigidos a una localidad, en concreto, Cartagena y su comarca, que día a día se aferra a seguir a pie juntillas las santísimas indicaciones de un capitalismo católico, que ha logrado no ya que solamente quede en pie en la zona solo las iglesias del clero secular o del nuevo sector sectario radical que se está afianzando en apretón de asfixia, sino que en breve podamos comprar, como ya está logrado en países más ricos que el nuestro, que la gente compre el pan en cómodos plazos financiados por la banca.

Pocos años de antes, cuando Cartagena tenía presente y futuro porque estaba funcionando el mejor sistema financiero que los hombres hemos inventado: Las Cajas de Ahorros, como el camino se veía claro y era un camino que se iba alejando de idolatrías y dioses, y tenía como preocupación básica una mejor y mayor calidad de vida, que iba alejando las ratas de la ciudad, el chabolismo y las cuevas, algo tan perjudicial para la belleza de que en estos días se han recogido toneladas de alimentos para donárselo a los muchísimos necesitados que hemos logrado hacer, se tiene que potenciar, porque la caridad católica es lo que estamos todos deseando que nos empape con sus virtudes teologales.

Uno intenta, y no consigue encontrar nada que sea positivo para nosotros la gente, que tenga nacimiento y sostén dentro del profuso y abundante mundo funcionarial que existe con tal fin. Y aunque los pocos beneficiarios de la desidia estén más contentos que nunca, tenemos ejemplos muy cercanos de que la miseria siempre es mísera.

Y los bailaguas, muy mala gente.

Eladio Palmis
Colaborador
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