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Juan Eladio Palmis

Juan Eladio Palmis.

“En Cartagena vivimos de la «Caridad»” artículo de opinión por Juan Eladio Palmis

Para ser comentarista local en Cartagena es de urgente necesidad tomarte muchas tazas de tila; y no es porque los políticos sean malos, que lo son, sino porque a la gente, a la comunidad local y sus estamentos, les importa todo, nada.

Nadie, al parecer en Cartagena, ve lógico que si se construye un hospital nuevo, caso del Santa Lucía, por ser un hospital, en este caso público-privado de chupete, hasta la última partida económica para su construcción y funcionamiento, tiene que salir de lo que en su día se presupueste desde la Administración; y se abone hasta el costo del papel higiénico que se necesite para su funcionamiento.

Ahora bien, SUPUESTAMENTE, si durante la construcción de un hospital nuevo, caso en Cartagena del hospital de Santa Lucia, supuestamente público-privado y de chupeta, vas, SUPUESTAMENTE, desmantelando del hospital público del Rosell con partidas que a lo mejor están reflejadas en albaranes de salida del Rosell que se han perdido, y las empleas en equipar de mobiliario el hospital (todo supuestamente) de Santa Lucia, las partidas presupuestarias de inversión, libres como pajaricos, pueden volar, por ejemplo, a Belice, a un banco sajón que dicen que habla murciano al otro lado de la mar oceana Atlántica, de tantas relaciones comerciales que mantiene con esta tierra.

Y si se llega a esa simple y muy usual ya maniobra cartagenera, que nos llevó con plena impunidad a construir un Auditorio donde las partidas económicas se volatizaron en cantidades monstruosas. Donde una sociedad anónima privada municipal, que todavía funciona generando, al dicho municipal de ellos, un oscuro agujero negro, y el mayor abuso de autoridad, con toda impunidad, que se ha visto desde la guerra civil a estos días, y es aplaudida y considerada, y digna de incluir en los presupuestos municipales actuales, y no pasa naica, entonces la cosa está sobredimensionada en abandono colectivo y legal.

Y qué hablar de la contaminación. O de los cientos y cientos de millones que nos han costado de dinero público los llamados tanques de tormenta, para evitar, según, que las lluvias vertieran sus aguas en la Mar Menor. O construir pabellones deportivos. O no preocuparse, va a hacer un mes dentro de unos días, para el día 11 de abril, de comunicarle a los vecinos la lectura de la radiación que determinó la Guardia Civil en los terrenos de Potasas y Derivados.

Y como una gota apestante de un largo proceso que nos está situando cincuenta años por detrás de lo que un día fuimos, resulta que después de pagar sueldos de primera a alcaldes y concejales; a asesores y sociedades, hay que comprar unas camas para un hospital que oficialmente debería de estar cerrado pero no esquilmado ni arrasado de mobiliario, y, entonces, dependemos de la “caridad” de un particular, porque nuestra extensa y variopinta autoridad política no sabe ni tiene dinero para comprar unas camas, que sustituyan a otras camas “voladoras”, colchones y sábanas incluidas, que misteriosamente han desaparecido del hospital del Rosell.

Y como el hecho de que desaparezcan camas, colchones toallas, mobiliario quirúrgico (todo supuestamente y al parecer) y a lo mejor de Cartagena no han salido; aunque las garras de la derechona murciana abarca un extenso territorio nacional, al parecer es normal; un servidor se siento anormal y no suelto ni una lagrimica de gratitud hacia almas generosas particulares que tienen que suplir con su dinero nuestro dinero público, y gastar su tiempo mientras nuestros munícipes juegan a morirse de risa a costa nuestra.

Y lo triste de todo esto, es que a nivel del estado, a nivel de los medios nacionales, el que SUPUESTAMENTE se desvalijen y asolen dos hospitales públicos en Cartagena, no es noticia ni delito para las organizaciones nacionales que podrían inyectar algo de cordura en una tierra donde lo absurdo, lo irreal, se ha adueñado del día a día creando una impunidad total.

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