Bulos, por Aniceto Valverde
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BULOS

Los que nos asomamos de vez en cuando a la Literatura, aunque sea en el soporte del papel informático que ha sustituido a aquél impreso con su peculiar olor de los antiguos rotativos, sabemos de sobra que estos textos están compuestos con una mezcla de realidad (más en el caso de los diarios) y de ficción. Es decir, entre unas ciertas dosis de lo real y de lo imaginado, como ocurre en cualquiera de las artes y especialmente en las que predomina la narrativa en su sentido más amplio. Decía Juan Antonio Porto (autor de entre otros guiones, el de La Regenta) que: «el espectador paga para que le engañen». Y no andaba nada desencaminado, pues nada es verdad ni mentira, sino todo depende del color del cristal con el que se mira. Para ser más precisos, Ramón de Campomanes lo decía así:

«Y es en el mundo” traidor”

Nada hay verdad ni mentira:

Todo es según el color

Del cristal con el que se mira»

Y he subrayado el término traidor con toda la intención, pues creo que el mundo actual o la realidad/actualidad de hoy día lo es. Al menos en el sentido que expondré más adelante.

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Gabriel García Márquez, paradigma del llamado “Realismo mágico”, como casi todo el mundo sabe, comienza el Capítulo XVI de su obra cumbre, “Cien años de soledad”, diciendo que:

«Llovió cuatro años, once meses y dos días…» Claro está que fue sobre la imaginaria, pero real Macondo pues parece ser que se inspira en el pueblo colombiano de Aracataca. Uno trató, en su modestia y sin éxito, llamar a Cartagena, literal y ficticiamente, Mandarache, en mi antigua columna del Diario La Opinión “El expreso de Mandarache” y posterior web: expresodemandarache.es

Y no es baladí, a mi juicio, que el citado y grande autor dijera que «había aprendido a escribir en los periódicos.»

Pero todo el que se acerca a una obra artística es plenamente consciente de ese engaño al que el autor intentará inducirle. Un despiste entre la realidad y el sueño perfectamente planificado en el caso de éxito del cuento, la novela, la película…, exceptuando el ensayo que debe ser riguroso. Luego podría o podrían calificarse de bulos, quien sabe si el mayor de ellos, la mentira más gorda.

Pero, aparte de la expresada, hay una grandísima diferencia entre aquéllos y los que circulan por la Redes Sociales promovidos por ciertos partidos políticos extremistas. En la Literatura (y el Arte), independientemente de que el lector-espectador es consciente del engaño, no existe ni puede existir como en el caso de esos otros y modernos o contemporáneos con la crisis del COVID-19, bulos que circulan por Internet,  un ánimo injurioso (de insulto) e incluso más allá, de calumnia (imputar a alguien un o unos hechos que, de ser ciertos, constituirían delito) hacia el adversario político y, asimismo, contrario al derecho de los ciudadanos a recibir una información veraz consagrado en el artículo 20 (párrafo 1º, apartado d) de nuestra Constitución como vertiente de la libertad de expresión que queda gravemente dañada y desvirtuada al hacer pasar por verdad claras falsedades en este mundo traidor, como dijo Campomanes.

Aniceto Valverde Conesa

 

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