Jose Antonio Ruiz Vivo - Muy Confidencial
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Me viene mi enano infiltrado bañado en hidrogel y con una mascarilla de veinte pavos, de esas con las que te atracan en la farmacia de la esquina, contándome la última novedad del ala oeste de San Esteban. Resulta que mi pequeño pigmalion lleva escondido una semana entre pasillos de la sede presidencial y, como el jodío se entera de todo, me avanza lo que López Miras está valorando pedir a Pedro Sánchez en esa conferencia virtual de presidentes anunciada para este sábado. Que declare el estado de alarma ante esta pandemia sanitario-económica llamada , ya lo sabes, coronavirus. No es idea nueva, pero sí es necesaria. Es más, en las últimas horas, el propio Sánchez no ha descartado esa alternativa e incluso acogería bien que un barón del pepé se la pusiera en bandeja. Un problema global requiere una solución, no diecisiete soluciones. A Casado tampoco le vendría mal que un barón propio dé voz institucional a sus reclamos. El que la lleva la entiende, ya sabes.

El chino de mi barrio ha cerrado el negocio y cuando le preguntas si le tiene miedo al bicho, te dice que nos tiene más miedo a nosotros. El hombre no entiende , ni yo tampoco, que en Santomera cierren los colegios y en Orihuela estén abiertos. Que en Aguilas se suspendan hasta las misas y en Pulpí, ni flowers. Que en Murcia capital no podamos celebrar la boda de mi prima porque pasamos de cincuenta y, al mismo tiempo, las terrazas de Cabo de Palos estén repletas de madrileños que se vienen a La Manga a concentrarse en su cuarentena de etiqueta. Se nos está yendo un poco la pinza y , con perdón, podemos acabar yéndonos todos a la mierda. Tú fíjate si el personal no anda desencaminado que lo primero que se agota cada día en el súper son los rollos de papel higiénico. Ve y pregunta en el Carrefour más cercano si no te lo crees.

 

“Esto parece la fin del mundo” resopla un señor orondo con aspecto de canónigo beneficiado que ha llenado el carro hasta las cejas y no nos deja avanzar en la cola del SuperDumbo .

 

La idea de declarar el estado de alarma no es nueva. El ex consejero José Gabriel Ruizmente clara, lo apuntaba hace ya casi una semana en su tertulia radiofónica. Tampoco es un recurso nuevo. Ya lo empleó el Estado, creo recordar, cuando aquella huelga de controladores aéreos se hacía incontrolable. Ahora el problema es mayor. Mucho más grave. Mucho más importante. Mucho más justificado. Insisto una solución, no diecisiete soluciones. No es una cuestión de coordinar, más bien es de centralizar. Y la Constitución lo avala y lo contempla en casos excepcionales. Este del bicho que corroe nuestra salud, nuestra mente y nuestros bolsillos es un caso muy excepcional. Vaya que si lo es.

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En este país somos tan aficionados a poner el carro delante de las mulas que esta solución, el estado de alarma, la proponga López Miras o la anticipe Iván Redondo, se acabará produciendo. Un primo monclovita de mi enano infiltrado nos lo aseguraba hace un rato. Aunque para ello hayamos tenido que pasar por una manifestación feminista temeraria, tres ministras con guantes preventivos fashion ( qué información tenían ellas que no teníamos los demás, pregúntate) y una cuarta, la republicana Irene Montero provocando con sus febrículas y su cercanía en la manifa a doña Leticia que la Corona se corone con el coronavirus, analítica real mediante. Todo eso sin contar a un vicepresidente, Pablo Iglesias, declarado en cuarentena en su chalet burgués, una vicepresidenta del Congreso, Ana Pastor, afectada y al secretario general de Vox, Ortega Smith, con el termómetro en la boca después de otro temerario acto público en una comunidad madrileña cuya presidenta Díaz Ayuso llevaba diez días clamando en el desierto.

Aquí está muy bien que Miras haga una comparecencia pública flanqueado y franqueado del resto de fuerzas políticas y de su gobierno, para recomendarnos medidas profilácticas, cerrar colegios o coordinar atenciones en los hospitales. O que el Obispo retoque los actos litúrgicos, nos convoque a rezar y a escuchar misa por la tele. Todo eso está muy bien. Pero por lo antedicho, es insuficiente. Estamos ante un problema grave global. Y requiere , por tanto, un sistema de soluciones global. No diecisiete sistemas por muy coordinados que pudiesen llegar a estar. Llegará tarde , pero vendrá. El Estado de alarma llegará cuando ya estamos alarmados. Y porque todavía no se te ha ocurrido ir al banco a preguntar por tu plan de pensiones o por esos ahorros que empleaste en fondos que el propio banco te aconsejó. Cágate lorito cuando vayas y te enteres de lo que has perdido en las últimas semanas. Marchando otro reponedor de papel higiénico en el Consum de la esquina…

 

LOS HASHTAGS DE MI ENANO INFILTRADO

#ENCUESTA. Constata fehacientemente este enano petimetre que en todas parte se mete, la existencia de una encuesta importante (cerca de un millar de muestras) que está llevando a cabo estos días un importante grupo demoscópico de este país en nuestra región. Lo curioso es que en dicha encuesta hay varias preguntas destinadas a conocer la valoración del presidente López Miras. ¿Quién está detrás esta encuesta? ¿Y porqué ese interés en conocer la posición aceptación o rechazo del presidente en estos momentos?. Este enano lechuguino y pisaverde que tanto nos entretiene con sus confidencias me ha prometido daros más detalles en la próxima entrega.

 

#PINyPON. La decisión del TSJ de tumbar la autorización paternal de Miras, o el pin parental de los voxeros como prefieras, ha sido un golpe político en toda la línea de flotación del gobierno de coalición. El polivalente Javier Celdrán achica agua como puede. Pero todos saben que, como ya se advirtió en este mismo blog hace meses, es un problema de forma más que de fondo. Una instrucción de la entonces secretaria general de Educación no puede modificar todo un decreto. Ha habido tiempo para articular salidas jurídicas, que las hay, y haber evitado este boquete. Joaquín Rocamora Manteca, director de los servicios jurídicos, ha echado un borrón y cuenta vieja. El pin y el pon.

 

#CHIMO. A mi amigo del alma Chimo García Cruz, otros lo han despedido con la palabra. Yo que suelo ser hombre de palabra apenas puedo hacerlo. Lo despido con el silencio. Tengo el corazón roto y hoy estoy más muerto que la semana pasada. Porque uno también va muriendo en los amigos que se van. En silencio. Como el jarrón da forma al vacío, la música interior y el doloroso quebranto dan forma al silencio que provoca tu partida, Chimico.

José Antonio Ruiz Vivo
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