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Carpe Diem

En 1955 Rosa Parks tomó un autobús y se sentó en un asiento reservado para personas de piel blanca, negándose a ceder el asiento.  El conductor del autobús la recriminó y ella acabó en la cárcel por perturbar el orden público.  Se rebeló y cambió el mundo.

En 1967, Kathrine Switzer, se inscribió en una maratón, prueba deportiva exclusiva para varones.  Se atrevió a salir a correr junto a sus compañeros, y uno de los comisarios le gritó: “¡Sal de mi carrera y devuélveme el dorsal!”.  Algunos participantes la escoltaron hasta la meta y logró acabar la carrera.   Cambiaron el mundo.

En octubre del 2020, el dueño del Bar Quinqué y Cónsul, de Cartagena,  humilló a una pareja compuesta por dos chicos por darse un beso en la mejilla.  Gran parte de la sociedad cartagenera está respondiendo con contundencia condenando este hecho.   Con ello contribuyen a cambiar el mundo.

Diego, ese chico de 21 años que valientemente se ha atrevido,  primero, a ser él mismo, y segundo, a denunciar una flagrante humillación y discriminación lgtbifóbica, quizá no es consciente de la importancia de haber trasladado a la sociedad en la que vive el incidente que ha sufrido y su malestar.

En el 2020, en un país como España, es muy probable que muchas personas de esa edad hayan tenido la suerte de nacer, desarrollarse, educarse y vivir en un entorno favorable, abierto, respetuoso y tolerante, un entorno que quizá nunca les hizo ver que alguien podría venir a recriminarles que no pueden expresar muestras de afecto hacia personas de su mismo sexo en público. Quizá Diego se ha dado de bruces con una realidad aún palpable en determinados ambientes.

Este hecho, que para una mujer lesbiana de 55 años como yo, que con 21 años vivió aún en esa España atrapada en la herencia franquista, rancia y petarda hasta el extremo,  es motivo de mucho enfado y frustración, es un deja vù de situaciones vividas durante décadas, pero al mismo tiempo me está provocando alegría:  la alegría de saber que Diego se ha sentido libre hasta ese mismo día en el que un involucionado ciudadano le ha vomitado su homofobia encima.  Alegría porque claramente no tenía normalizada la violencia lgtbifóbica, lo que le ha provocado rabia y capacidad de respuesta.   Y  alegría porque una parte importante de esta ciudad y de toda la Región ha dicho “¡¡NO!!”  Alegría porque los medios de comunicación han respondido como se esperaba.  Alegría por una ciudadanía comprometida con los DDHH.

Por ello, querido Diego, queridos jóvenes que hoy estáis en pleno disfrute de vuestra juventud, de vuestras libertades, de vuestros derechos, de toda la dignidad que merecéis solo por existir, nunca jamás permitáis que esa toxicidad mental que antaño lo colonizaba todo, llamada LGTBIfobia,  os amargue un solo minuto de vuestra existencia. Aún está presente, aún la sufren muchas personas jóvenes.   Hacedlo por vosotros, por quienes os precedieron y por quienes vienen detrás, también por quienes os quieren y toman conciencia del dolor que provoca la intolerancia.  Que jamás vuelva a tener valor la voz enferma de quien no conoce el respeto a la diversidad, de quien no acepta nuestro derecho a ser, nuestro derecho al afecto y a expresarlo, en privado y en público.    Denunciad siempre cualquier ataque a vuestra dignidad:  la razón, el derecho, la evolución y la inteligencia, están de vuestra parte, y esos tipos impresentables están condenados a la extinción si cada vez  somos más quienes tomamos conciencia del valor de implicarse en la defensa de las libertades y la dignidad de las personas.   Entre todos y todas tenemos que seguir reclamando más implicación institucional y más educación para erradicar del todo y para siempre la humillación, la discriminación y el odio a las personas por su orientación sexual o de género.

 

Mar Tornero.

Vicepresidenta de GALACTYCO

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