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A fuerza de querer, uno se va dando cuenta de que la naturaleza humana es, cuanto menos, muy dada a asumir determinados postulados, sensaciones, noticias, titulares, actitudes… Quiero decir, la del español en general, al que ni si quiera le gustan dichos argumentarios, pero que de alguna manera molestan, hacen daño al famoso, al político gobernante… en definitiva, al otro.

Y así surgen determinados roles. Decía John Burroughs que “una persona puede equivocarse muchas veces, pero no se convierte en un fracaso hasta que empieza a culpar a los otros por sus propios errores”.

Nos podemos situar en ambas ideas. Una, la de destruir por el mero hecho de hacerlo y la de culpar al otro de mis errores. Lo que pasa es que en esta Región es muy difícil endosar las mentiras y disparates, ya que después de veintisiete años en San Esteban, es muy, muy complicado colar tal cantidad de errores e inmoralidades; aunque bien es cierto que mientras los votos digan lo que dicen, estaremos en las mismas.

Sin ir mas lejos, en marzo, asistíamos perplejos a un pseudogolpe en la Región, cuando el gobierno del Partido Popular secuestraba la legitimidad democrática comprando los votos de unos políticos inmorales haciendo honor al argumento del profesor Pérez Royo, cuando decía recientemente que el PP “acepta la democracia a beneficio de inventario”, o que “ [para ellos] es preferible gobernar democráticamente si gano las elecciones, pero si no puedo gobernar democráticamente, no estoy dispuesto a permitir que gobierne el que las ha ganado”.

Bueno, pues eso ha sido lo que nos ha ocurrido. Se han utilizado las rendijas de la democracia para continuar con el Gobierno de los incompetentes y de los deshonestos tránsfugas que han sido capaces, sin ningún tipo de vergüenza, de recoger las monedas que les tiraban al suelo.

Además, esta Región se ha convertido en la primera en otorgarle a los ultras un puesto en el Gobierno. Nada menos que hacerles responsables de la educación, asumiendo una serie de incoherencias y contradicciones culminadas con el negacionismo doctrinal, cuando los mensajes de vacunación se repiten desde las instituciones regionales sanitarias.

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Y no quiero entrar en la debacle medioambiental en la que vivimos, ya que está suficientemente argumentada por diferentes expertos y colectivos.

En fin, ¿hasta cuando esta Región va a seguir permitiendo esta serie de tropelías?

¿Hasta cuándo?

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