Ramón Galindo
Ramón Galindo
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Y con esto poco a poco comenzamos la fase cero de la “desescalada” (se han tenido hasta que inventar la palabra) y en uno de sus “aló-presiente” discursos, Sánchez nos ha largado “el ladrillo” lleno de palabrerío, que horas después -como ya nos tiene acostumbrados- ha tenido que rectificar en no pocos puntos y fases. Abriendo de golpe las puertas del redil y convirtiendo calles, paseos y plazas en vez de en un “desescalonamiento” (palabra que tampoco existe) en las escaleras mecánicas del Corte Inglés en rebajas.

¡Y que conste que no es por indisciplina del pueblo español! Que aquí, menos un puñado de idiotas, casi todos hemos cumplido con lo que nos mandan.

Esta mal llamada y peor organizada desescalada, donde antes un matrimonio de trabajo esencial, por ejemplo sanitarios, aunque trabajaran en el mismo hospital, aunque durmieran juntos no podían ir en el mismo coche al trabajo, pero si compartir autobús con otros desconocidos. Ahora impide a un padre o una madre separados o viudos que vivan solos con sus hijos de 13 y 15 años (por ejemplo) salir a dar un paseo juntos; permite que una oleada de surfistas inunden las playas, pero impide que los que no tengan tabla se puedan bañar; se puede correr por los paseos marítimos en plan maratón de Nueva York, pero no se puede jugar al tenis en individuales con 23 m. de separación; hemos visto pelotones de ciclistas más grandes que los del Tour de Francia, pero no se puede jugar al golf; que puedes ir al supermercado mezclado entre ochenta o cien personas y no puedes comer en un restaurante con veinte o treinta. ¿Acaso los charcuteros, panaderos, carniceros, pescaderos, etc. del súper no manipulan igual la comida que el cocinero del bar? Y así una y otra, mientras las arriesgadas cajeras van toqueteando toda tu compra, los camareros están en el paro porque no te pueden servir una caña, otra incongruencia más, que países con menos tasa de mortalidad por COVIT-19 no han cometido. Mientras tanto las grandes y millonarias multinacionales de envíos a domicilio hacen sus agostos, se cargan a los autónomos y pequeñas empresas del comercio y la hostelería.

Pero que se le puede pedir a un gobierno al que le han vendido “mas-carillas” las máscaras quirúrgicas más baratillas, que además no están homologadas, que los test parece que se los han encargado a Hornimans y que conceden contratos millonarios a empresas ajenas al sector, sin experiencia, con dirección desconocida, o con sede en un garaje.

Sánchez ha superado con creces el famoso contrato de los Hermanos Marx ¡Y así nos va! Debe ser el mismo modelo de contrato con el que “se la metió” a Rufián “and Company” que ya se están dando cuenta de la validez del mismo, y ya le están avisando de su caducidad, acogiéndose al punto de “incumplimiento de contrato” por parte de la primera parte de la parte contratante.

Los separatistas catalanes y vascos, sin olvidar “al pringao” de Teruel, apoyaron la investidura de Pedrito con la exclusiva condición de una urgente y bilateral mesa de negociación, cuyo único objetivo era fijar una fecha de convocatoria de un referéndum, ilegal por cierto, pues la Constitución lo impide, y nunca podrían reformar la Carta Magna en ese sentido, pues la mayoría absoluta nunca la van a tener (3/5 de cada Cámara). También es verdad que es con el único que pueden negociar algo así y por el simple hecho de que los necesita para permanecer en el poder al precio que sea, es con el actual líder del PSOE. Ellos saben que si el Pedro cae, sus sueños se disiparían en manos de cualquier gobierno donde no estén Pedro y Pablo, y por supuesto que en un gobierno de mayoría socialista del estilo de Felipe González, tampoco.

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¡Y así nos va! Desde que se inventaron los pactos en los que las negociaciones no son para beneficiar el conjunto del Estado, sino antes bien para con este mal repartido sistema electoral de porcentaje de votos, unos pocos ganan más que muchos.

Y hoy como no puede ser de otra forma, felicito desde aquí a todas las madres, en especial a la mía que está en el cielo, y este puro de los domingos, que entre aromas del café y el humo del cubano me gusta saborear, que siempre a vuestra salud y perjuicio de la mía, hoy va por ellas.

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