Mar Tornero. Vicepresidenta de Colectivo GALACTYCO.
Mar Tornero. Vicepresidenta de Colectivo GALACTYCO.

Ciudadanos insiste en incumplir la legalidad. 

En materia educativa, el triángulo retrógrado PP/Vox/Cs se dirige sin pudor alguno a una educación basada en la defensa de la moral de las familias, no en el derecho de los menores a una educación atravesada por nuestros más elementales valores democráticos:  Igualdad y Respeto.

Acaba de publicarse la noticia de que el Gobierno de Murcia cede ante Vox para aprobar los presupuestos.   Esta cesión consiste, entre otras cosas, en la imposición del PIM parental, que consiste básica y llanamente en saltarse a la torera toda la normativa vigente en materia educativa y de igualdad, nacional, regional y hasta internacional, que aconseja, promueve, y obliga a que desde la Escuela Pública y Concertada se antepongan siempre los derechos del menor frente a la subjetividad de quienes se empeñan en moralizar la educación pública de principios ajenos a nuestra sociedad.

Que el PP consienta en semejante atropello era de esperar, lo llevan haciendo desde que España goza de democracia.  Desde sus filas siempre han puesto freno a todo avance en derechos:  contra el divorcio, contra el aborto, contra el matrimonio igualitario…  Y siempre de la mano de la Iglesia Católica, cuyos mandamases engordan sus filas en un ejercicio de retroalimentación insoportable para toda la ciudadanía que venimos asistiendo, desde hace décadas, a debates surrealistas sobre los derechos y libertades.   Teniendo que argumentar una y otra vez a favor de asuntos tan obvios como la igualdad, el respeto, el derecho a decidir sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos, la defensa de nuestras dignidades, etc.

No, no nos impresiona ni nos extraña esa actitud  tan cansina de impedir algo tan hermoso como “vive y deja vivir”.   Nunca nadie les obligó a que se divorciaran, a que abortaran, o a que se casaran con alguien de su mismo sexo, ni mucho menos a cambiar de género.    Nadie les obliga a dejar de ser machistas o hacer de sus vidas y con sus cuerpos algo que no desean.  Y sin embargo, parece que les va la vida en lo que otras personas hagamos.   Es una cruz que llevamos encima millones de ciudadanos y ciudadanas, martirizándonos,  que solo deseamos vivir en paz, sin meternos en la vida de nadie, ni enseñar a nadie cómo vivir, ni cómo amar, ni en qué quiere convertir su vida cada españolito y cada españolita. No entienden que progresar en libertades no va en contra de sus principios, sino que ofrece espacio a que sus principios no sean los únicos.   Es una cerrazón incomprensible hacia la libertad, cómo si ésta fuera una amenaza a la continuidad de la especie o algo peor.

Lo que sí nos impresiona y sobresalta es la actitud de Ciudadanos.  Al menos, el PP y Vox, que son los primos hermanos que ahora militan en partidos diferentes, no tienen la cara dura de llenarse los discursos de frases lgtbifriendly, de colarse en el Orgullo y hacer proclamas de modernidad, libertades, progreso social, etc.   Son claros: para ellos todos deberíamos estar cortados por el mismo decente patrón y tomar las mismas decisiones morales, de superioridad divina.

Cuando se inició la nueva legislatura, la ahora Consejera de Mujer, LGTBI, Familias, etc, se comprometió a aplicar de inmediato la Ley 8/2016 de Igualdad, que obliga desde hace ya cuatro años a que en la escuela pública y concertada de esta región no falte la formación en diversidad afectivo-sexual, de género y familiar.  Y obliga a que esta formación se ofrezca a docentes, entre otros funcionarios de la administración, con el fin de erradicar la LGTBIfobia que aún sufren los menores gais, lesbianas, bisexuales o trans y los menores de las familias homoparentales.

El anterior gobierno del PP por supuesto no la aplicó, y sigue sin tener intención de hacerlo. Nunca creyeron en la Igualdad, pero es que tampoco la defienden, ni se fotografían alardeando de defender nada ni a nadie, salvo a la patria y a las tradiciones.    No obstante, que Ciudadanos juegue a decir una cosa y hacer su contraria es el juego más sucio en democracia al que hemos asistido desde que nos libramos de la dictadura, y para colmo no solo incumpliendo las leyes, además reconociéndolo.    Es un enemigo aún peor que aquel que se opone al progreso, porque dos argumentos diferentes expresados a la cara y sometidos a debate nos proporcionan al menos la capacidad de acción y de lucha, sin embargo la mentira y la falta de compromiso es una indecencia que una democracia no se puede permitir, es la mediocridad institucionalizada.

Gracias, señores y señoras de Ciudadanos por tan inestimable acción democrática, que sin lugar a dudas, nos envenena de insustancialidad, mediocridad y decadencia como sociedad.

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