Juan Eladio Palmis
Juan Eladio Palmis
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Desde aquel oscuro y cruel nacional-catolicismo de mis años cuando empecé a comprender la vida y la muerte, hay una balada que entraba en el repertorio de las cosas trágicas que nos hacían aprendernos de memoria en aquellos tiempos que ahora los que no los conocieron los glosan como hermosos y ejemplares.


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Más o menos, para mi gran acojonamiento y terror nocturno, la referida balada decía: “Bajaron los ángeles/ besaron su rostro/ y le dijeron al niño/ Vente con nosotros/. Vio el niño a los ángeles/ y se fue con ellos/ y a la mañana siguiente/ estaba/ la cuna vacía…”. Y claro, nada decía de la “gracia” que les daría a los padres ver por la mañana la cuna de su hijo vacía, porque para el machismo religioso católico hasta los ángeles tienen pilila.

Servidor que ya para aquellos tiernos años no tenía deseo alguno de ser ángel y que me alejaran de mis partidazos de futbol con la pelota de lo que fuera; de mis carreras detrás de los pájaros “volanteros”; o, por ejemplo, de mirar con mucho interés a las niñas, aquello de que estando durmiendo, no ya en la cuna (asunto que me aliviaba un tanto), vinieran unos ángeles a por mí y me llevaran, me producía un terrible y tremendo temor que me lo tragaba en silencio.

Pero lo de la “cuna vacía” para los padres, es el aspecto que tienen que tener esos dos hospitales públicos cartageneros del Área de Salud nº II de la Región de Murcia, el del Naval y el del Rosell, después de que gentes de la misma tipología e ideología de los que exigían que la balada, que más o menos he tratado de recordar y he referido más arriba, fuese considerada como un premio a la familia que perdía a un hijo, o a una sociedad que se está, en muchos casos, despellejando para lograr que exista una sanidad universal y pública, y un grupico murciano y extranjero, con una impunidad de asombro, estén dejando, hayan dejado, dos hospitales públicos desmantelados sin que ninguna autoridad abra la boca, y mucho menos inicie un proceso legal judicial aclaratorio porque se trata de bienes sanitarios públicos que no se pueden ir volando al cielo.

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Participo de pleno de la idea, visto lo visto, que en Cartagena, aunque lo importante sean otras cosas, me sumo a que por la vía de los vecinos, se inicie un proceso que nos lleve a los particulares a los juzgados locales, y donde sea de menester, con la idea de que nos aclaren dónde están y qué utilidad se les ha dado a todo el mobiliario y la maquinaria que un día le costó verdaderas millonadas al erario público, y que por lo que se barrunta todo ha desaparecido, al tiempo que los propios inmuebles se están dejando caer en la más pura y letal ruina.

Después de muchos años de trasteos y manifestaciones en el Área de Salud II, como se denomina a la zona que encabeza Cartagena y su territorio geográfica limítrofe, se consiguió que para el ya lejano año de 2016, para su mes de marzo, se aprobará una ley que obligaba a tener el hospital del Rosell a pleno funcionamiento como Hospital General Universitario de la Región de Murcia; pero, supuestamente, parece ser que el hospital del Rosell no pasa de ser un cascarón de huevo vacío, iluminado por la noche, porque hace tiempo, “bajaron los ángeles” que llevan veinte años gobernando Murcia, ayudados por algunos que llevan menos, y nos dejaron la cosa tan en contra de toda lógica de honestidad, que ahora a los propios políticos les da pavor, como me daba a mí la balada, cuando se han percato que por su mala administración, los hospitales están más vacíos que la cuna.

Y somos muchos, aunque sepamos hacer baladas, que no vamos a hacer ninguna balada glosando una sinvergonzonería y descarado despilfarro del erario público.

Eladio Palmis
Colaborador
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