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Lun. Jul 13th, 2020
Juan Eladio Palmis

Juan Eladio Palmis

“La sensación que se tiene en la calle sobre el ayuntamiento de Cartagena” artículo de Juan Eladio Palmis

La primera y más extendida, salvo para los que tienen, que son muchos, algún familiar cercano incluido en las más que extensas nóminas municipales, es que es un monstruo que nos está devorando económicamente, para nada.

Luego, en un segundo aventajado lugar, está la otra sensación de que el trabajo diario de nuestros ediles, se centra en ver el modo de mejorar sus soldadas (aunque si digo posibles sisadas, uñetadas, declaraciones de compras de urgencia y demás posibles golferías) estoy poniendo por escrito lo que se escucha en cualquier conversación donde salga el quehacer municipal, quizá, porque nunca ha tenido Cartagena, salvo dos o tres concejales que se escapan del reparto, gente tan poco preparada y tan vulgarmente finolis, al frente del ayuntamiento como en la actualidad.

Con el tema de las basuras y los vertederos nos han estafado a todos los cartageneros. Con el tema del agua pública y la obra civil, estamos en la misma línea oscura de cuentas a lo gran capitán, porque entre el equipo de gobierno y los funcionarios “electos” por ellos, la sensación; las vibraciones por la limpieza y el esplendor en las cuentas públicas, nos dejan cara de gilipolla a los vecinos.

Pero, en descarga de ellos y de la mala gestión especialmente del equipo de gobierno actual, cuyo merito político de una alcaldesa bis, por nombrar una, (su nombre creo que no lo he escrito nunca, ni interés tengo en hacerlo) fue potenciarse defendiendo con ardor y tesón a otro político estampado por la justicia murciana por un asunto de euros que no cuadraban bien.

Un ayuntamiento, con una carga de personal que supera los mil funcionarios con mucha holgura, no puede, ni deben permitírselo los ciudadanos con sus votos el tener los servicios públicos cedidos a empresa privadas que, como muy poco, lo primero que van a lograr será a apartarse sus beneficios a costa de los bolsillos del vecindario.

Y tal asunto; tal cesión de servicios a empresas privadas, es el resultado más positivo que aquellas sociedades anónimas particulares pero municipales, todavía en vigor en Cartagena, cuyos accionistas son los propios concejales del ayuntamiento, en las que el cupo de sisa y distracción de caudales está muy limitado tan solo a algunos milloncejos anuales; y con la cesión de los servicios públicos a empresas privadas, los partidos políticos, los propios concejales a nivel particular, empiezan a esponjarse, porque ya se sabe que el dinero no se puede ocultar, tal y como ocurre con los granos en el culo que se notan al caminar.

El ayuntamiento de Cartagena está organizado políticamente con un derroche de gasto mucho mayor de cincuenta veces el necesario. Y, encima, da mucha rabia su indiferencia como institución hacia los problemas de gravedad que tiene el medio ambiente local, al tiempo que ellos saben que una ciudad con un paro tremendo, horrible, la lista de espera para entrar a formar parte de la nómina municipal, amansa a una población nada emprendedora.

Y siendo la segunda cuna del Opus Dei en España, el hecho de que esta semana que ha pasado ha sido la onomástica de San José María Escrivá, y no ha salido las gentes a la calle a celebrarlo, demuestra la decadencia y el poco agradecimiento laboral de enchufados, de un caserío.

Porque los residuos sólidos, la insalud de los cartageneros, es un gran saco roto de negocio para el equipo de gobierno municipal y sus bailaores próximos o asesores.

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