Montaje del Belén Municipal
Montaje del Belén Municipal

Todo el mundo (o parte) acojonado con las tristes fiestas navideñas porque no se va a poder contemplar en primera línea el descalabro que van haciendo los años entre los familiares, y llega la trinca cartagenera, y al mejor estilo eclesial, te da una solución tipo bula (porque la pagamos entre todos) y monta un belén que llama municipal, y ya se pueden reunir y salir de la casa a verlo y disfrutarlo la gente que quiera y hacer cola.

Visto desde fuera, sin partidismo de ninguna clase, la defensa a ultranza que hacen de la secta vaticana los partidos y alianzas políticas como la trinca cartagenera, producen, como muy poco, un desazón de incomodidad porque lo que ellos entienden como cultura y tradición, es puro franquismo disfrazado de unos años a esta parte.

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Porque los hechos culturales y tradicionales de una localidad, nunca van a unidos a posicionamientos de sectas, aunque sean religiosas, caso de Cartagena,  que unen la “tradición” de la chupeta de los alquileres de las carpas, con aquellas imposiciones de un tiempo oscuro y triste de religiosidad de partido político impuesta, que ya en Cartagena, resulta escandaloso que ni la presencia (¿o no existe tal presencia?) de una universidad politécnica moderna, ha podido despejar, y que realmente se respire el aire fresco y limpio que impulsa la cultura y la libertad social.

Porque al margen de ese empape franquista que chorrea por todas las esquinas de los hechos y actividades de esa tipología, no se deben ni se pueden en buena ley seguir desarrollando a costo del erario público parcialidades y empecinamientos en elevar a la categoría de costumbre cultural, lo que es un simple cartel propagandístico de una secta religiosa, que, al final, en la medida que se vayan levantando y reforzando otros ciudadanos que piensen diferente, espero que pidan cuentas por sus impuestos y trabajo; todo al margen de las arenas movedizas en las que sus acaparamientos nos están metiendo.

Por más que la ciencia se vaya conociendo mejor y se distribuya más abundantemente casa por casa, el hecho de que se ponga por ordeno y mando, incluso sin razonamiento sanitario alguno, contraviniendo todo el sufrimiento colectivo de la mayoría que pacientemente estamos observando y cumpliendo, por miedo y por respeto a los demás, con mantenernos el máximo del tiempo posible dentro de las casas, esa invitación desde el propio ayuntamiento cartagenero a que se incumplan todas las normas sanitarias en vigor, y de prevención básicas, está diciendo el poder tan tremendo que tienen los clanes sobre las personas en general.

Creo, sinceramente, que con tales ejemplos municipales, los amantes de los botellones, que a lo mejor tienen mala fama en parte porque no consumen dentro de los bares que resulta más gracioso, con que se pongan la mascarilla entre trago y trago; y se pongan en fila, y de treinta en treinta vayan al meollo del botellón, previo desinfestarse las manos, cuanto más se reúnan más éxito social, porque reúnen los requisitos que el ayuntamiento cartagenero estima que está dentro, al pelo, cumpliendo con las normas sanitarias que la pandemia respeta porque se trata de asuntos que llevamos como cientos y cientos de años realizando los humanos, antes de la guerra, durante la guerra y en la posguerra.

La ley; lo dispuesto y lo ordenado, debería ser igual para todos.

Eladio Palmis
Colaborador
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