Eladio Palmis
Juan Eladio Palmis Sánchez
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Cuando la llamada, y probablemente la más conocida popularmente, reina Isabel de Castilla quiso tener una salida para su reino a la mar, pensó en Cartagena; y se la cambió al “señorito” que la poseía, por el cercano Paraje de Las Cuevas y los Vélez. Y, para algunos, entre los que me encuentro, comenzó el calvario para todo el medio ambiente, especialmente forestal, cartagenero.


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Desconozco si para aquel entonces (no muy lejano) ya había equipos completos de llorones en Cartagena, o simplemente todo el problema se lo dejaban los cartageneros a alguna asociación de naturalistas, amantes de los animales, o cofradías; pero, lo que sí se pueden observar todavía, son los detalles comparativos en contra de Cartagena en relación absoluta con todos los puertos del Mediterráneo que nos han pasado por delante.

De ahí que, desde estos renglones me dirija hacia la coordinadora que va a regir los pasos y procedimientos para que la Región de León (León, Zamora y Salamanca), se constituya en Comunidad Autónoma Independiente, algo que por justicia, historia, y necesidad, le corresponde; y que deje de ser “un lugar” por el pasan los castellanos para ir a Galicia o a Portugal.

Cartagena, probablemente por fuera del asunto peligroso y contaminante del petróleo, que por cierto encima nos lo agradece los refinadores con el precio de combustible más caro de toda España (gracias, muchas gracias por vuestra gestión políticos locales), sea el puerto menos favorecido de toda la Península e Islas, y que, sin futuro alguno, tan solo necesita para que sea cerrado y anegado por residuos tóxicos que se vierten cada día en él, a que los “empresarios murcianos”: Pepé, Pesoe, y todos los mozos de estoque de la cuadrilla al frente, con el dinero público hagan un puerto “privado” en el Gorguel, probablemente presidido por una gran imagen en sus espigones, que en cualquier momento anunciaré a quien representa.

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Si Cartagena consiguiera tener la suerte de que el primer reino que tuvo la Ibérica, el de León, cuando se inició aquella horrible lucha de religión, que duró casi mil años, entre un monoteísmo contra gentes trinitarias venidas de fuera, nos considerara como su puerto de salida al mar, al margen de que el “saber de Salamanca” es netamente español, nada que ver con el foráneo sentir del clan de Navarra que impera en la cortijá murciana, podríamos levantar la cabeza y, como mínimo ser un puerto comercial en condiciones, aseado y no la cloaca a cielo abierto que somos actualmente, aunque no exista una cloaca que haya repartido nunca tanto dinero de chupeta como el puerto cartagenero a día de hoy.

No, no estoy copiando a los cantonales cartageneros cuando en su día una incierta crónica les atribuye aquello de que demandaron auxilio a los EE.UU para su causa, porque, en primer lugar, el reino de León es el reino madre patria de todos los reinos ibéricos, y, no es que se merece ser Comunidad, sino que, probablemente, se merezca ser la Primera Comunidad de España, y no las que han venido tradicionalmente cacareando mentiras de pasados gloriosos independientes.

Y como segundo razonamiento, quiero indicar que, visto lo visto del tesón cartagenero por defender sus asuntos, como no sea que gente de la densidad de criterio que tienen los leoneses, nos ayuden en nuestro intento de sacar la cabeza del agua contaminada que nos ha inundado, Cartagena, los cartageneros, ya estamos en la loca desbandada de los ñus cuando van corriendo a que se los coman los cocodrilos en el africano cráter del Gorongoro.

Eladio Palmis
Colaborador
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