Eladio Palmis, poeta y periodista
Eladio Palmis, poeta y periodista
Publicidad

Al final, lo han logrado. No son muchos en número; pero han logrado que una ingente mayoría de gente pase indiferente ante las cosas, o, en el caso de que se interese, se ponga de parte del egoísmo incitador que ha logrado que lo que no le interesa bajo ningún aspecto a la sociedad, no solo es que no lo acepte, sino que, todo lo contrario, lo aplauda.

Aquí en Cartagena, todos juntos en unión, hemos visto como la llamada “medicina privada”, cuyo principal paciente es el “paciente público”, dentro de un enorme negocio oscuro y tenebroso que mueve ingente cantidades de dinero, unos muy pocos, han logrado que la gente de la calle vea normal que un enfermo público, sea atendido en un centro hospitalario privado (voy a obviar con qué tipo de dinero fue construido el inmueble y donde están dado de altas sus cuadros técnicos por la mañana) porque, sin que a nadie le pase nada ni se le caiga la cara de vergüenza, al contrario, ha logrado que se vea normal y como un triunfo del desarrollo local, que se construyan nuevos hospitales “privados”, o se “gestionen” desde los bolsillos amichis de los políticos o las fuerzas vivas, y se dejan derruir los hospitales nuestros: los públicos.

Eso ya está perdido. Como perdido está, en términos generales, que en zonas como la nuestra (valedera para toda España) donde las viviendas unifamiliares se están destruyendo a millares en urbanizaciones que fueron construidas con el “dinero de todos”, se prefiera tener a nuestros mayores arrumbados en la soledad de su piso, o en espacios, generalmente indecorosos, rozando la inhumanidad del amontonamiento, y solamente bajo la perspectiva del negocio, en centros de mayores, porque denominarlos pre-cementerios, parece que nos pondría a la altura real de la sensibilidad familiar y de respeto a la edad que hemos ya perdido en Cartagena, ciudad pionera en exabruptos fascistas vecinales.

No hay dinero público (nuestro) si no es para malgastarlo en aquellos capítulos oscuros, ineficaces, innecesarios, que nos han conducido a que tener un ayuntamiento abierto para nada práctico, nos cueste un millón de euros diarios directos, porque lo indirecto es imposible cuantificar; y todo ese dineral vaya a un fondo perdido que no le reporta nada a la ciudad, al contrario.

Ya resulta irrecuperable, que del mismo modo que todo lo que conlleve el bien común solidario, no le interesa a los que controlan la opinión y distribuyen las octavillas y las estampitas de lo que es bueno y lo que es malo para todos nosotros, las gentes de la calle hemos perdido un porcentaje elevadísimo de vecinos, que el grupo estraperlista social se los ha agregado, sin costo alguno, al contrario, a su bando. Y les encanta, o por lo menos no hacen nada, esperan que otros lo hagan, y si no la hacen no pasa nada, de que los viejos se mueran en sus pre-cementerios, mientras las urbanizaciones se destruyen, o el dinero público se vaya (el poco queda después del mal gasto, del mal uso) en arreglar edificios, vacios la inmensa mayoría de los días del año.

En Cartagena hemos perdido una a una todas las batallas; y, como consecuencia la guerra, porque la gente, los que tenían que estar al lado de la reivindicación para que todo funcionara medio regular, se han pasado abiertamente al enemigo social, y presumen, el que menos, de que no tiene tiempo para atender las cosas políticas; pero sí tiene muy claro que un comunista, un ateo, son gente despreciable, y lo único que saben es incordiar la bondad del sistema neoliberal-cristiano tan compasivo, y que no escatima a la hora de abrir una fosa común social para enterrar gente en lo que sea.

Publicidad
Eladio Palmis
Colaborador
Página de FacebookPerfil de Twitter
Publicidad

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.