Yayoflautas Cartagena
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Carpe Diem

En esta época de pandemia hemos tenido más conciencia que nunca de la importancia de los y las profesionales que nos cuidan, aunque no somos verdaderamente conscientes del papel de otros muchos.

Y, lamentablemente, se trata mayoritariamente de mujeres. Hablamos de las limpiadoras de los centros de salud y colegios, de las celadoras en los hospitales y centros sanitarios, de las auxiliares de ayuda en domicilio, del personal de las residencias y centros de día y muchas más, porque en efecto, estos trabajos de cuidados los tenemos asumidos y no nos percatamos de lo fundamental: que también son personas que cuidan a otras personas.

Debemos asegurar que las familias tengan la posibilidad de atender a sus mayores y personas dependientes. La mayoría “firmaríamos” por poder llegar a cierta edad y continuar siendo bien atendidos en nuestras casas pero a día de hoy es un privilegio para quienes tienen los bolsillos “bien llenos”.

Las pensiones no alcanzan para pagar una asistencia en el hogar. Son muchos los testimonios que nos llegan, experiencias propias o de personas cercanas que no pueden atenderles por carecer de recursos. La solución pasa por cambiar el modelo de cuidados, por destinar dinero de los presupuestos y por elaborar un Plan de financiación a la dependencia, que reduzca las listas de espera y proyecte la construcción de residencias públicas.

Que este dinero llegue y se gestione desde los Servicios Sociales de los ayuntamientos es fundamental, porque son las entidades locales las más cercanas a la ciudadanía y las encargadas de dar respuesta a sus problemas.

María, una mujer de avanzada edad que vive sola y tiene bajos ingresos sufre una caída que la obliga a permanecer en cama durante tres meses. Necesita ayuda para su higiene personal, la limpieza de su hogar, desplazamientos médicos, compras, hacer la comida… pero las ayudas de los Servicios Sociales tardan demasiado en llegar.

Mientras las gestionaba pasaron días, semanas. Este es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta María y todas las personas que requieren ayuda: los largos tiempos de espera para necesidades inmediatas.

La poca celeridad en la gestión y concesión de prestaciones o que estas no sean las adecuadas son dos de los grandes problemas de la atención a la dependencia y del sistema de cuidados.

En el caso de nuestra vecina, tras su caída, su limitación de autonomía hizo que los Servicios Sociales le proporcionaran asistencia del personal de Ayuda en Domicilio. Las profesionales que prestan este servicio se ven obligadas a brindar, además de la asistencia personal (baño, higiene y prevención de úlceras, rehabilitación, etc.), servicios de limpieza y mantenimiento del hogar.

Una trabajadora que haya recibido formación socio sanitaria no debería asumir este tipo de tareas, al igual que el personal de limpieza sin conocimientos sanitarios no puede suplir las funciones del personal de ayuda sanitaria a domicilio.

Definitivamente, estamos obligados a repensar el sistema de asistencia que estamos brindando a los ciudadanos. Porque el caso de María es cada vez más frecuente y como a ella, a muchas personas mayores los pequeños accidentes les dejan secuelas que con el paso del tiempo derivan de forma progresiva en una dependencia y limitación del movimiento o un deterioro cognitivo definitivos.

En ese caso, ya no pueden estar solos y necesitan cuidados permanentes. En consecuencia, necesitan disponer de una plaza en una residencia independientemente de su economía. Porque ser atendido y cuidado es un derecho y las administraciones deben ser garantes del mismo. El nuevo modelo de cuidados debe contemplar la proyección de Centros de Día y Residencias Públicas suficientes para atender la creciente demanda. 

La pandemia ha revelado el desastroso modelo residencial, de gestión privada mayoritariamente, que tenemos en este país y que no podemos seguir permitiendo. Las empresas que están detrás de los cuidados miran por sus beneficios empresariales y no necesariamente por el bienestar de los usuarios. Por ello, tenemos claro que se debe reforzar el sistema actual de cuidados y las leyes que vigilen el cumplimiento del derecho a una vejez digna.

Nos va la vida de nuestros mayores en ello… y la nuestra también.

Leli García
Concejal de Unidas Podemos
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