Ramón Galindo
Ramón Galindo
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Y en esto poco a poco llegó la primavera. Y como del coronavirus casi todo se cuenta, rumorea y cuchichea, al objeto de entretener un rato, voy a cambiar el tercio y hoy desde este atípico y extraño confinamiento, del que nunca hubiéramos imaginado ser protagonistas, le dedico el puro de los domingos a otro candente y escabroso tema: D. Juan Carlos I.

Nunca ninguna comisión, podrá pagar a D. Juan Carlos el favor hecho a España, donde tragándose sapos y culebras, tuvo que permitir que antiguos dirigentes de campos de fusilamiento y extermino, como lo fue Santiago Carrillo ocuparan un puesto en el perdón y la reconciliación (en Alemania, por ejemplo, hubiera sido impensable recolocar a los ex directores de Auswitch o Mauthausen).

El mismo perdón y la reconciliación que cuarenta años más tarde, los cachorros del socialismo y el comunismo, los de las checas y las sacas de civiles sin juicio, no han sabido digerir.

¡Los españoles somos así! Te encumbran y te adulan y después te machacan como un trasto inservible, sin embargo, puedes ser un delincuente gracioso y terminar haciendo programas de televisión en la cuatro, como el Dioni en: “ven a cenar conmigo”. Haces mil bien y una mal y no te lo perdonarán jamás.

Y quizá D. Juan Carlos, sabedor o aconsejado de ello -a cuyo abuelo Alfonso XIII, ya lo habían recambiado por una nefasta República y murió en el exilio-, no siendo sólo su abuelo y su padre los que pasaron por el destierro, sino que sus bisabuelos y hasta su suegro y su cuñado también lo sufrieron y con escaseces.

El Borbón y Borbón lo único que hizo fue guardar la reserva de su merecido e incierto retiro, que los desagradecidos españoles le tenían pronosticado.

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D. Juan Carlos, tuvo que ver como su padre, después de dar muchas vueltas, vivió exiliado en un elegante aunque austero chalet de Estoril, manteniéndose de las limosnas y aportaciones de la burguesía española que peregrinaba los fines de semana a Portugal, para pelotear alrededor del Conde de Barcelona en Villa Giralda, a la espera de una posible y futura devolución de favores que por razones obvias nunca llegaron.

La comisión del AVE a la Meca, no es más que un obsequio de una civilización, la musulmana, a la que en cuyas costumbres rechazar un regalo sería un mal gesto de agravio no bien aceptado. La verdad es que a los españoles no nos ha costado un duro, antes bien fue beneficioso para las empresas que allí trabajaron, y si bien haber entregado ese dinero al tesoro tampoco hubiera estado mal, pero peor es el mal trato y el desprecio y la amenaza, de a que quien tantos años dedicó al mayor progreso económico y de las libertades de la historia de este país, que ahora está recibiendo en los palcos de los estadios y en las caceroladas de ingratos, torpes y resentidos que desde sus balcones perdonan con su algarabía a traidores, separatistas, etarras, chavistas y bolcheviques coletistas, que no dudarían en reponer la moda los tiros en la nuca y condenan el cobro de una comisión (que no ha salido de las arcas españolas) de quien sería el primero en ser asesinado.

De Corina poco o nada voy a decir, ni siquiera si su parte de la comisión se la ganó con su agudeza empresarial, o con sus armas de mujer, porqué no lo sé. Lo que sí sé es que mucho la debe querer, o estar “enchochado” el Monarca si la ha incluido en su testamento, que por cierto tampoco he podido ver.

No voy a dudar de la estoica compostura de Doña Sofía, a la que nunca le ha faltado de nada, incluso la de acoger en Zarzuela durante años a su hermana Irene, donde oficialmente tiene su residencia.

Pero no seré yo quien se entrometa en los asuntos del corazón del Rey ¡Y menos que se haya enamorado de otra mujer! Si hubiera sido al revés, ni un reproche le hubiera caído a la Reina, a la que incluso las “feminazis” defenderían, y ejemplos en la historia los ha habido; Carlos IV sin ir más lejos, su esposa Maria Luisa de Parma, cuya fama de cepillarse además de a Godoy, a todo miembro de la guardia del que se encaprichara.

Así mismo María Estuardo, Catalina de Rusia, o María Antonieta de Austria, y sin tener que irnos muy lejos, Isabel II que se dirigía cariñosamente en público a Serrano como “mi generalito” y siempre se rumoreó su ninfomanía, mientras que el Rey consorte, Francisco de Asís, -cuyo sombrero, además de ser de tres picos, era con dos agujeros- quedaba apartado en el ostracismo. ¡Y que por cierto! Isabel II, murió en el exilio de una complicación pulmonar a causa de una epidemia de gripe.

Ya lo único que faltaría en los tiempos que corren, sería que obligásemos a dos personas a vivir juntas, si uno o ambos no lo desean. Otra cosa es que tengan que mantener el tipo institucional, que al estar relegados de ello, ya no es de obligada exigencia.

Tampoco sabemos los acuerdos privados matrimoniales a los que los eméritos habían llegado ¡O acaso estaba el mayordomo escuchando detrás de la puerta! ¡Quizás algún “cotilla-farlopero” aprendiz de periodista del sálvame estaba debajo de la cama! Suponiendo que SS.MM compartieran lecho.

D. Juan Carlos tuvo que forzar en vida a su padre a cederle los derechos de reinado, y D. Felipe se ha visto obligado a apartar al suyo de la vida pública y a suprimirle los emolumentos que recibe de la hacienda pública. No creo que hayan sido fáciles decisiones.

Pero no contentos con esto, los plañideros cacerolistas de oportunidad, no dudan en exigirle a Felipe VI, las responsabilidades de las acciones de su padre, que equivaldría a exigirle a Pablo Iglesias las responsabilidades de los asesinatos que el suyo cometió.

¡Ya que nos ponemos! La fortuna de Rey emérito en Suiza (donde muy posiblemente tenga que forzosamente acabar sus días) no le llega ni a la suela de los zapatos, a la cualquier indemnización que por jubilación se apalanca el más humilde de los presidentes del consejo de administración de los bancos, o de cualquier gran empresa de este país, incluidos a los que les tocó en la tómbola de la política, por no hablar del “pastonazo” que han trincado los de los EREs, que tanto se han gastado en putas, y coca se han esnifado ¡Y esa pasta si era nuestra!

Y así es como este desagradecido pueblo, perdonando a traidores, ladrones y asesinos, es capaz de en su aburrido, extraño y relegado encierro, se atreve a tirar la primera piedra sin estar libre de pecado, y empujar a que la algarabía de borreguiles seguidores de las manadas de ingratos que se autoerigen en jueces para hacerse notar, creyéndose paladines de derechos, que la mayoría de las veces no se han ganado ni merecido.

Pero lo cierto y verdad es que ahora tenemos el Jefe de Estado mejor preparado de la historia de España, habla correctamente varios idiomas, tiene una excelente preparación militar en los tres ejércitos, estudios superiores y sale más barato que un presidente de república europea a la altura de nuestro país.

De modo es, que como de costumbre, en la sobremesa del domingo, entre los aromas del café, a vuestra salud y en perjuicio de la mía, y muy especialmente, el humo de este segundo puro dominical enclaustrado, va a la salud de Su Majestad ¡Y porqué no! También a la de Doña Sofía, ejemplo a seguir de quien como consorte, los españoles nunca nada tendremos que reprochar.

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