mié. Oct 16th, 2019
Eladio Palmis

Juan Eladio Palmis

“Los Urruties, el Gamonal burgalés, cartagenero” artículo de opinión por Juan E. Palmis

Se ha podido comprobar perfectamente como a nuestros amados mandamases munícipes les cambia el gesto; cambian el paso cuando saben que delante tienen a gente dispuesta a valer sus derechos, y no ceder ante sus tradicionales frases hechas y posturas estudiadas.

Una pequeña exigencia por parte de un grupo de vecinos de los Urruties, bien coordinados por ellos solos sin necesidad de “ayudas” de otros colectivos vecinales, al estilo del barrio del Gamonal burgalés, han sacado de sus doradas y bien pagadas casillas y banquillos, a uno políticos municipales que en el caso cartagenero son un claro ejemplo de la incompetencia más bien lograda.

Aunque nuestros munícipes están todos, absolutamente todos, iniciados en los primeros pasos de la senda que, insistente la caminan sintiéndose dioses irrepetibles para el bien de su comunidad, normalmente no tienen en cuenta que al hombre lo condiciona, más que las “prosesiones”, las fiestas, las bandericas en los balcones, las frases hechas; el determinante que fija el carácter o la actitud del hombre es el clima: la geografía en la que se mueve. Y el Mar Menor Muerto, por clara y diáfana incompetencia de nuestros responsables políticos, no dispone de una geografía para la vida ni para la paz social.

Pero ellos, nuestros incompetentes, están tranquilos: Duermen en la placidez de su sentimiento de irrepetibles en la jarca política a gobernar una comunidad cortijera, porque cuando salen a la calle o en sus entornos, todo son parabienes e inmunidad total de fechorías por parte de una cohorte de bailaguas en la búsqueda y logro de sus migajas.

Hay cosas que no vendrán solas; pero vendrán. Y el hecho de que pasen los años y no veamos en la cárcel ni purgando su culpa a ningún responsable de los muchos que hay de que el Mar Menor esté Muerto, seguro que vendrá en cualquier otro arreón ciudadano que es la única soberanía legal y justa que nos queda en una cortijá corrupta, borracha de agua bendita que se bebe a gollete en la damajuana de la capital.

Hubo un tiempo, no muy lejano en la historia que podemos considerar como contemporánea de España, que el beaterio español le puso tantos palos a la rueda del progreso del país, que, ante la prohibición de la libertad de cátedra, el pueblo, las gentes, fundaron algo tan noble como fue la Institución Libre de Enseñanza. Y todavía falta que el beaterío que ahora nos rige y nos gobierna, igualico que el que obligó a la creación de la citada Institución, no solo es que haya dejado un solo nombre a venerar para la posteridad, sino que, por el contrario, todavía nos alimentamos de aquel gran ejemplo social que dieron las gentes que configuraron la Institución citada, frente a unos gobiernos de chichinabo, los mismicos que los de ahora.

Los Urruties, el Gamonal cartagenero, no va a tener el olvido pasajero que con las próximas fiestas quieren nuestros munícipes que pase a ser anécdota y anecdótico. Pero como la gente ha podido comprobar el decorado de mentira en el que viven la inmensa mayoría de nuestros políticos cuyo único celo y afán son el sueldo mensual, entran en una lógica descomposición porque ante preguntas consecuentes no tienen repuesta alguna.

El Mar Menor Muerto, las ramblas que muchos hemos visto con nuestros ojos fluir libremente hacia el Mar Menor Muerto después de llevar gastado en su “cuidado” millones y millones de euros que se han “perdido”, tienen que tener a la fuerza su costo político, aunque ahora los del tinte rubio, los de la gomina, los enchaquetados, estén viviendo en la confianza de que hasta ahora, ni les ha pasado nada por la dejadez, y todo lo contrario: han trincado sisas a salud de la mala salud del mar que han dejado morir.

Los Urruties es nuestro Gamonal, por el momento.

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