Juan Eladio Palmis
Juan Eladio Palmis
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Uno, que puede que le gane a los galápagos en concha protectora ante tanta urgencia y desolación cultural, anoche, en la obra de la suprema actriz Virginia Rodero, y su compañera de “efectos emocionales, arrebatadores, íntimos”   (me haré con su nombre), entre las dos me hicieron llorar.


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La Historia, la que lleva la hache con mayúscula, que es la que personalmente me encanta de leer, creo, sinceramente, que es muy difícil de sintetizar y exponerla al conocimiento del que quiera tener conocimiento de ella. Caso que no suele acontecer a menudo; Pero, que, anoche, en el Luzzy, organizado por la Asociación para La Memoria Histórica de Cartagena, la compañía de la Actriz Virginia Rodero, ella solica y su compañera de “efectos íntimos” narraron con una delicadeza, con una poesía, con un fidelidad histórica de primer y único nivel que tiene la verdad absoluta, algo muy, triste, demasiado triste, que aconteció en un país que se llama España que estuvo por muchos años secuestrada de todo.

Los maestros, las maestras de escuela del hermoso tiempo republicano español, están ahí en la Historia de España. Y algo, un magisterio que se quiso borrar de un sangriento plumazo, por el contrario es de las páginas pasadas que más nos ayudan a soportar el presente y tener esperanza en el futuro, y Virginia Rodero y su acompañante de “efectos especialmente íntimos”, anoche lo lograron plenamente.

No sé qué número ocupo en el pelotón de los vecinos que más años tiene abierta casa en Cartagena; Insisto, no sé el número; pero sí sé que estoy dentro del pelotón de los que más. Por eso creo tener derecho a opinar que cuando dicen “toda Cartagena, todos los cartageneros”, me sienta mal que no hagan algunas excepciones respecto a como están entendiendo la historia local los que la quieren particularizar para su propiedad y uso particular y privado, y luego se ponen a hablar echando pestes de los “cuatro gatos” nacionalistas.

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Cartagena se está aislando ella solica de todo. Está aferrada a un tiempo pasado que fue; pero no tiene base social alguna para ser el tiempo del futuro. El triunfo momentáneo del caciquismo local respecto al urbanismo y a la contaminación, mientras que a las gentes pretenden darnos solo “problemas” festivos que son cotidianos, pero no cimientan las Historia, tienen las patas demasiado cortas para que calén tan profundamente como dicen los interesados en “todos” los cartageneros, y nos cieguen y nos dejen sin perspectiva del abuso económico, de la sisa continuada en el urbanismo, y de la desobediencia caciquil hacia el ayuntamiento y las leyes nacionales y regionales sobre el medio ambiente, que con impunidad total se las están pasando bajo el arco del triunfo el sector del euro.

Y volviendo a la Historia, puede que el único historiador, un tal Prisco de Panio, (un griego, mis preferidos en la cultura) fue el que se atrevió en su Historia Bizantina, en dar a conocer la razón por la que fue un Virus, tal un coronavirus, al que le debe el Vaticano su existencia, supuesto que las triunfantes e invencibles fuerzas al mando del Huno Atila, tuvieron, a las puertas de Roma, que tornar rápidas a su letrinas y paisajes originarios por culpa de las diarreas, que las dejaron sin ganas de oro y solo con ganas de volver a que sus chamanes les dieran remedios para sus cólicos.

Pero modernamente ya está claro que nada de todo aquel abandono de lucha por parte de los Hunos, se deba a que todo tuvo obediencia por sacar las procesiones por el Vaticano.

Aunque a muchos tal cosa le encante pensar que fue y será así.

Felicitar sinceramente a Virginia Rodero y a sus “efectos especialmente íntimos”.

Eladio Palmis
Colaborador
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