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lun. Jul 22nd, 2019
Erentxun ayer en Cartagena

Mikel Erentxun ayer en Cartagena

Mikel Erentxun actuó en una noche mágica para el Puerto de Cartagena

Mikel Erentxun, voz  inigualable y un artista caracterizado por la pureza del sonido analógico, por la utilización de metodologías de grabación propias de los grandes alquimistas del registro en cinta, actuó ayer en Cartagena, en nuestro Fuerte de Navidad, ante un reducido numero de personas (unos 200), los primeros en conseguir las entradas a la venta de este íntimo concierto a la orilla del mar.

La actuación, que empezó sobre las 22 horas, estuvo acompañada previamente de un paseo en barco al atardecer hasta la fortaleza con salida desde la Escala Real del puerto a las 20.30 horas, y  la degustación de una tapa, bebida y cóctel a cargo de los patrocinadores del evento.

Presentó su tour “El último vuelo del hombre bala” , una vuelta de tuerca a sus más recientes obsesiones personales. El paso del tiempo («Todo es efímero / nada es real»), las ocasiones perdidas («No hay vuelta atrás / se desvanecen los sueños de ayer/ arde el dolor / lo sé, lo sé, lo sé, lo sé/ los pecados del pasado») y las segundas oportunidades («Al hombre bala le queda el último vuelo»). En cambio, el poso que nos queda tras su escucha no es el de un álbum melancólico, ni mucho menos triste. Está repleto de esperanza («Seremos la dignidad / que duerme en los bolsillos del pantalón») y mucho amor («Ángel en llamas, ángel de amor / abrázame / cuando el frío empiece a arder»).

“Mikel ha colaborado con diferentes y grandes letristas y poetas, pero en mi opinión le salen las canciones más emocionantes cuando escribe él sus propios textos. Aunque suene a tautología, Mikel es seguramente el mejor letrista para las canciones de Mikel”, apunta Enrique Bunbury sobre el artista

Grabado mano a mano con Paco Loco y con las aportaciones de Karlos Arancegui (batería), Muni Camón y Marina Iñesta (coros), en este cierre de la trilogía, Erentxun nos ofrece su versión más eléctrica, up-tempo y desbordante de energía, junto a unas pocas baladas desnudas y minimalistas. Desaparecen las guitarras acústicas y se da paso a un fantástico sonido de guitarras distorsionadas, con ecos a Lou Reed y David Bowie y reivindicando a los Beatles solistas de los setenta.

 

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