Juan Eladio Palmis
Juan Eladio Palmis
Tiempo estimado de lectura: 3 minutos
Carpe Diem

CARTA ABIERTA:

Si, ya lo sé, hay que trabajar y levantar el puchero. Pero, ya ves, el hombre, el género humano está sobre la Tierra trajinando millones de años, y la madre, la familia, hasta que no llegó el fascismo capitalista católico destructor de todo, que hasta trastoca del valor del dinero, está destruyendo la familia entre trago y trago de agua bendita y razonamientos de Perogrullo.

El niño es lo primero, porque es el futuro. Y el niño se merece un cuidado y un respeto muy diferente del que la citada sociedad neoliberal cristiana murciana, le está asignando entre, insisto, borracheras de agua bendita y escapularios hechos en China por gente comunista.

En la región murciana está perdida la partida; ya, lo primero es el puchero; que la madre tiene que ir a trabajar, que el padre tiene que ir a trabajar, y el niño estorba en la casa; y, por tanto, se tiene que ir a la escuela; y, si se contagia mala suerte; pero en la casa se aburre mucho y necesita ir a la escuela.

El niño cuyo padre y madre tienen que ir a trabajar los dos, es un niño que va a la escuela pública, porque si va la ñoña educación religiosa, que la incultura social popular denomina como enseñanza selectiva, un porcentaje muy grande de su esfuerzo laboral, va a seguir engrosando el saco de centros subvencionados de antemano con dinero público por todos los españoles, donde se birla y se vuela la birlocha de lo que les sale de sus factorías donde predomina el hacer fieles sectarios.

Hemos tenido claro y diáfano, que desde que terminó el pasado curso escolar, en la cortijá comunidad murciana, el elenco político, a lo más, se han estado sacando perdigones de la nariz, esperando en el semáforo del tiempo que empezara el nuevo curso; porque sin ser unos pitonisos sabían que ante un razonamiento laboral, sí o sí, con riesgo alto, bajo o medio, los niños iban a volver a la escuela para que la unidad laboral, nada que ver con la unidad familiar, no se destruya.

Se sigue comprando armas para que se hagan viejas; se sigue, a pesar del coronavirus de insistir en mantener activos los arsenales de inútiles armas para la guerra. Se sigue subvencionando con nuestro dinero a la secta religiosa más rica del planeta, que es incansable a la hora de exigir euros. Se sigue intoxicando a la gente y hasta a los propios niños, que, es probable algún día se acuerden de esta forma indeseable de jugar con su salud por parte de toda una sociedad infestada.

Ahora, como ya soy viejo, son ya muchas las veces que me paso por delante el recordatorio de mi vida intentando determinar en qué parte toda mi generación lo hicimos tan mal socialmente para que las nuevas unidades laborales familiares, como si de dictadores de la cuerda franquista se tratara, no les tiemble el pulso para mandar a sus mayores a morir a los pre-cementerios, y aceptar cualquier disculpa como causa de su muerte masiva.

Repaso y repaso mi tiempo y mi vida, y mis padres, con toda seguridad, y los tuyos también, amable lector, seguro que hubiesen preferido un hijo analfabeto que un hijo tarado por una enfermedad para toda la vida. Y un servidor como padre y abuelo, también.

La solución es tan simple como emplear dinero en aumentar el número de aulas y de profesores. Y no en estar pensando en el arte de “birlo y birloque” para justificar y que se pierdan los millones que han librado para la región de Murcia no solo para los colegios ñoños religiosos, católicos y apostólicos y romanos, sino para proteger a los niños murcianos.

Con o sin uniforme escolar.

Eladio Palmis
Colaborador
Página de FacebookPerfil de Twitter

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.