El Rey Felipe VI y Don Juan Carlos | EFE
El Rey Felipe VI y Don Juan Carlos | EFE
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Carpe Diem

En su entorno giramos todos; los unos, caso de la Trinca en Cartagena, que se le nota a leguas que ya pertenecen a la casa real; y otros que estamos en lista de espera con esperanzas de que el rey dinero venga a nuestro bolsillo, seguramente para gastárnoslo, si nos llega igualico que les llega a los reyes, tal a como lo gastan, presuntamente, algunos reyes.

En España, salvo en dos épocas de esplendor ibérico en la que los reyes que nos rigieron nada tenían que ver con dios, y por lo tanto no eran reyes depositarios del poder celestial ¡manda cojones!, que fue cuando entraron, despacico pero con ruedas firmes, los Godos a España; o cuando lo hizo el islam, y, posteriormente llegaron en patera a cultivar los campos los siriacos, el resto del tiempo real español ha sido un canto continuado al dinero y al filo afilado de las navajas, sin nada de transcendental como a modo de gallinas cluecas han salido corriendo, cacareando y correteando anunciando y doblando campanas los curas y frailes, cada vez que ha habido un nuevo rey.

España no es monárquica, porque España es, ha sido y será, un puñadico de montones de arena taifales diferentes, y en cada montón de siempre han vivido las mujeres más guapas, se dan los mejores vinos y duermen la siesta los hombres más valientes.

El impuesto proceso de que de cada montón de arena que constituye España, unos muy pocos por montón, coincidan en que sin pisarse la manguera pueden hacer creer la apariencia de que todo rueda bien como ellos dicen que debe de rodar, al más o menos tiempo siempre se suele salir el carro del camino y rueda dando saltos por el barbecho.

Al grano, Juanito, que te pierdes en vaguedades: Un rey, una república, por si sola, no sirven para nada. Una Trinca, por si sola, caso de la cartagenera, por si sola, sí pueden llevar, como están llevando, a una ciudad al fracaso total en su beneficio político particular, porque del otro no hay pruebas y solamente se puede escribir, viendo los sueldos que se ven, presunto.

Por tanto, el esfuerzo nuestro, otra cosa son lo que le interesa al señor marques y al señor obispo, es que ante burradas criminales de prohibir que un jornalero pueda beber agua o ir al retrete en horas laborales superiores a las diez o doce, es ahí donde tenemos que prestar nuestra atención y nuestra energía; porque todo lo que afecta al señor marques y al obispado, va, siempre, hasta ahora, en contra de nuestro bolsillo y de nuestra calidad de vida.

Así es que a un servidor, que un poquico conoce de la historia laica de España, y menos la católica, porque no me interesa, los reyes, como salvo con los godos al principio fueron reyes por aclamación y después los señalaron los clérigos, desde entonces son harina de un costal que no despierta en mi persona admiración alguna. Y mucho menos cuando los tiempos demandan formas actuales de gobierno.

De todos modos es de esperar que ya, sin perder ni un minuto más, tengamos la decencia social de preocuparnos por el trato que están recibiendo los que con su trabajo está sacando a España adelante: los jornaleros del campo, y lo que le afecte a los reyes, sea asunto particular y privado de los que cada día están escribiendo la historia católica de España.

Que, a muchos, nos es ajena.

Eladio Palmis
Colaborador
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