Vista aérea del Mar Menor
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Carpe Diem

La preocupación por el Mar Menor ya es algo generalizado entre toda la sociedad murciana: los científicos lo tienen bajo su lupa desde hace décadas; los vecinos de sus riberas lo lloran y se lamentan; los sectores económicos intentan sobrevivir en un entorno que cada vez les resulta más hostil, donde “el pez grande se come al chico” deja de ser una metáfora; los ecologistas continúan su lucha, aparentemente quijotesca, con la que han enseñado a gran parte de nuestra sociedad, que la Naturaleza es la casa del hombre, y que los humanos estamos obligados a respetarla, una gran cantidad de sectores, como digo, que ya llevan mucho tiempo organizados en torno a sus reivindicaciones, lo que quedó plasmado hace un año con la manifestación en Cartagena del 30 de octubre.

Las tensiones que se producen en la defensa del Mar Menor (cada uno barre para su lado), no han conseguido anular los grandes consensos a los que ha llegado: que el Mar Menor está en peligro, que el cambio climático es un hecho y que le afecta, que los aportes de nutrientes contribuyen a su falta de salud, que el nivel del acuífero ha aumentado, que la salinidad ha variado por el exceso de aporte de agua dulce, que la roturación y aplanado de terrenos para facilitar el cultivo intensivo provoca el fácil arrastre de materiales a la laguna (tierras de cultivo, residuos mineros), y podríamos seguir la lista hasta aburrirnos.

Pues si esto es cosa de todos y cada uno tiene su responsabilidad, el PSOE de Cartagena mira a su Ayuntamiento en espera de las actuaciones que le son propias. La solución para el baño en forma de pasarelas no parece que haya resuelto el tema este verano, llegaron tarde, muy tarde, y solo para algunas zonas. ¿El resto de playas no existe, no lo pidieron sus vecinos, no tienen ese problema?

A finales de mayo pasado se inició la limpieza de playas de esta última temporada. Quizá con la pandemia se olvidaron este tipo de actuaciones, y que la ciudadanía necesitaba una playa limpia, en la que poder relajarse y respirar, y más después de una primavera tan dura. Pero también llegaron tarde, porque los depósitos de lodos y su pestilencia les quitaron esa posibilidad.

Primeros días de noviembre de 2020, el próximo verano parece lejano, pero llegará. El Ayuntamiento debe sacar las brigadas, los rastrillos y apresurarse al mantenimiento invernal o de nuevo nos encontraremos en la misma situación de todos los años. Piensen en los ciudadanos, en su derecho a un medio ambiente sano, y en la salud del Mar Menor, y pónganse a trabajar desde hoy mismo.

 

 

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