mié. Oct 16th, 2019
Juan Eladio Palmis

Juan Eladio Palmis

“Pateras en Cartagena” artículo de opinión por Juan Eladio Palmis

Llegan, llegan, llegan; arriban a nuestras costas. Nos van dejar pelados. Nos van a dejar sin comida y sin trabajo. Se van a llevar todo aquello que con tanto esfuerzo hemos podido juntar nosotros. Y encima, son infieles, no van a misa, y generalmente con una cuenta en el banco se apañan un puñado de ellos cuando los explotan en los trabajos que pueden encontrar.

Creo que nunca lo ha tenido más fácil el sistema que lo tiene ahora. En cuanto tocando la trompeta de órdenes el sistema de a la carga contra todos ellos, no van a faltar valientes que los intenten perjudicar al nivel que sea, afectados por el arreón cobarde, egoísta y mentiroso, de un sistema que nos está engañando y se lo ponemos demasiado fácil las gentes.

España, Cartagena, no está cumpliendo ni por el rabo, con lo ordenado por Europa y demandado por el sentido común, de que hay que ir rápidamente abandonando las energías sucias, renovándolas por molinos y placas, y cualquier otro generador moderno que nos aleje del petróleo crudo, del gas, y de las apestosas, mentirosas e inhumanas empresa petroleras, que están jodiéndolo todo a cambio de unas monedas que les dan a los agitadores sociales.

Todos y cada uno de los países del mundo productores de petróleo, están sometidos al capricho desestabilizador de las empresas petroleras. Y nuestra vecina Argelia, rica en gas y petróleo, no iba a ser una excepción, supuesto que antes que a ella ya desestabilizaron a Libia, Nigeria, Venezuela, y a un sangriento y largo etcétera que la gente, nosotros, lo aceptamos sin temor alguno, dándole, la inmensa mayoría de los medios de comunicación, a cambio de unas migajas, la razón a las empresas más perjudiciales para el planeta que han existido: Las multinacionales energéticas petroleras

Aquí, sin salirnos de Cartagena, siguiendo al pie de la letra lo que indica el manual del perfecto agitador, la prensa y las gentes nos quedamos tan tranquilos cuando nos roban en el Batel, en el Palacio de los Deportes; cuando estando soportando la contaminación que generan en el Valle de Escombreras, en vez de tener un precio especial por la energía, la pagamos la segunda más cara de España, que es tanto como decir la más cara de Europa.

En la Cortijá nos han hecho desaparecer por el arte cínico del “yo no sé na”, de las Cajas de Ahorros, más de cuatro mil millones de euros que todavía nadie sabe donde están; más unos quince mil millones que se repartieron entre los amichis y sus amichis.

Ahora mismico se está hablando de la desaparición de unos seiscientos millones de euros de la desaladora de Escombreras, y, hasta se comenta por los mentideros, que ni la justicia quiere meterle los dientes para esclarecer el asunto, no vayan a salir los jueces escopeteados con tiros de sal en el culo.

Nada sabemos en qué y por qué estamos empeñados por fuera de los prepuestos de saco roto, en, con toda probabilidad, más de diez mil millones de euros. Y nada de todo eso nos da miedo. Toda esa injusta desestabilización y robo, nos deja tan tranquilos e indiferentes. Y, hasta vemos bien, normal, en un alarde de desestabilización urbana sin precedentes ni lógica alguna, que las gentes que están llegando en patera a Cartagena, que están siendo utilizadas por las mafias del sistema que encabezan las multinacionales que explotan los recursos energéticos y mineros del planeta, la autoridad española, en boca de la Delegación del Gobierno de la Cortijá de Murcia, alegando pobreza de medios y recursos, deja a la gente, muchos de ellos reflejo o espejo de cómo emigraron los españoles, padres, abuelos y bisabuelos, los dejan en las calles como si fueran perros para que se alimenten como puedan.

Estamos, en Cartagena, en medio de uno de los acontecimientos literarios más interesantes de la ciudad, como es la Veinte Edición de la Semana de la Novela Histórica de Cartagena. Ayer muchos nos quedamos arrebatados de entusiasmo, al poder comprobar la grandeza, el poderío narrativo e intelectual de las grandes escritoras Cristina López Barrio, hablando de Tánger y su novela actual Niebla en Tánger, y María Dueñas, con la suya Las Hijas del Capitán, hablando precisamente de la pasada y muy cercana en el tiempo emigración española, para el caso en Nueva York.

Los medios locales, como no se trata de astillicas, ni había ningún eclesial con hábito, no estaban en un acto cultural formidable, y nuestras autoridades, vestidas de domingo, tampoco lo hicieron.

Se disfrutó mucho y nos trasmitieron mucha fuerza de la buena, gentes de su altura intelectual. Por lo demás, la ciudad, siguiéndole el juego a las multinacionales, atendiendo los gatos, teniendo a cubierto y tapados los palos secos con peluca en naves confortables, públicas, mientras a los seres humanos, no les da ni agua.

Me agradó ver al amigo Padin, teniente alcalde de la Trinca en el acto literario.

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