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dom. Jun 16th, 2019
Eladio Palmis

Juan Eladio Palmis Sánchez

“Pedantería de los políticos de ahora”, un artículo de Eladio Palmis.

En verdad que es de suponer que aquellos marqueses y condes que estaban al servicio de las muchas majestades que hemos sufrido en este país de fabula y furufalla, serían igualicos de pedantes que los actuales, que a la mínima nos endiñan una milonga de lo mucho que hacen y se preocupan por nosotros: la vil canalla que, de momento, nos hemos escapado del rancho de la proa del buque, y trampeando vamos llegado a final de mes.

Está claro que servidor, salvo que estuviera bajo los efectos de la anestesia, en momento alguno me dejaría operar por un médico que exhibiera con panza balanceada que él es el mejor cirujano de la ciudad; que los demás son muy malos, tirando a malísimos, y que él tiene unas manos de oro para eliminar las pupas.

Y no sé en qué escuela le enseñan ahora modales a los políticos para que al menor descuido hablen de sus fabulosas dotes para el gobierno y el mando, y te endiñen que nuestra salvación social depende de que le demos el voto a ellos, porque de lo contrario estamos condenados a esas cosas que pasan; pero que, al parecer, solo las vemos nosotros, los pecheros, porque para ellos (hablo de los regionales y locales de la cortijá) el pabellón de deportes de Tentegorra es un primor; el invernadero del Batel está para que se recreen los siglos contemplándolo en su noble arboladura de edificio mil millonario; que el derribo y la piedra suelta de las baterías de costa, da prestigio; que los molinos; que el patrimonio; que la suciedad callejera da mucha solera a la ciudad, etc, etc.

Nosotros, la gente de la calle, somos la que tenemos opinión hecha de lo que han hecho y a donde nos han llevado nuestros amados políticos. Y se creen que desconocemos lo que es el voto cautivo, el machaqueo y el miedo inyectado en gentes que no tienen la obligación por sus circunstancias particulares de discernir claramente hacia qué formación debe dirigir su voto. Y es precisamente hacia ellos, hacia los débiles políticos, hacia los que se dirigen como hienas hambrientas nuestros amados políticos con la sana y única intención de favorecerles la vida (después de escribir lo anterior de favorecerles la vida, he terminado entérica la botella de vino y parece que se me ha subido a la cabeza).

Las minorías políticas, ya no tales minorías en España, han conseguido lo que parecía imposible lograr; y del mismo modo que parecía imposible que los próximos a los treinta millones de habitantes que moraban a lo largo y a lo ancho de todas Las Indias previas al descubrimiento, según estudios modernos de número efectuados al respecto, resultaba increíble que un puñado de españoles, por mucho que les ayudara la viruela, fueran capaces de exterminarlos a casi todos, un país España, que tenía una dignidad que se puso de manifiesto cuando en silencio vencedores y vencidos de la guerra civil no aceptaron los bajos salarios de miseria que se les ofrecían y se fueron a la emigración, no es de recibo lo que se escucha por la calle respecto a los salarios que circulan, y todavía continúan presentándose a la reelección los mismos exterminadores de la sociedad que se forjó desde la emigración tras la dictadura.

En Cartagena, en toda la cortijá, donde nadie sabe dónde han ido a parar más de doce mil millones de euros, que se han perdido por encima del presupuesto ordinario anual, no creo que sea motivo para pasear a lo pavo real exhibiendo plumaje entre el paisanaje, especialmente aquellos partidos que jugando al pin pon, pesoe-pepé y viceversa, con la exquisita incorporación actual como rematador de miserias de C’s. y más bien, en vez de presumir, deberían pedir perdón y quedarse en su casas devolviendo lo afanado.

Lo más social que por siglos se logró cuajar en España, las Cajas de Ahorros, se las jalaron entéricas nuestros actuales políticos, y, que se sepa, no han devuelto ni un euro de lo robado, porque personalmente nunca he visto en el letrero de una obra pública que diga en la memoria “Obra financiada por lo que se le rescató de lo mucho que robó los excelentísimos señores fulano de tal”.

La democracia actual basada en un derroche sin límite de recursos que los tenemos que pagar los pecheros, no creo que sea constitucional ni conveniente. Y no creo que a nadie le produzca alegría que abras el buzón de correos y te encuentres con un puñado de sobres que, seguramente, contendrán propaganda electoral.

Y escribo lo de seguramente, porque hasta este minuto no he abierto ninguno, y van derechos a la papelera.

Porque no son aptos ni para la púa.

Salud y Felicidad.

Juan Eladio Palmis.

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