Ramón Galindo
Ramón Galindo

Y con esto poco a poco -aunque tarde- ¡Se armó el Belén! Una amalgama de compromisos, chanchullos y relaciones amorosas.

Son muchas las frases que Pedro y Pablo se han tragado para formar este gobierno; “que si me quita el sueño” “que si el único mérito de fulanita era ser esposa de” “que si yo nunca” y bla bla bla…

Al final con un par de votos más, que representan a muchos votantes menos, Pedro seguirá surcando los cielos en su Falcon, y Pablo la A-6 en su “cochazo” desde su “chaletako” de Galapagar. Y en realidad esto sería perfectamente lícito si para alcanzarlo hubieran dicho la verdad, pero lo cierto es que han llegado con mentiras.

Así es esta democracia ¡O mejor dicho! La democracia descafeinada que hemos consentido, llena de populismos y engaños, pues que yo sepa, el principio de la democracia es el del predominio de la opinión de la mayoría, cosa que aquí por número de ciudadanos votantes no se cumple.

Es aquí donde el pensamiento de Voltaire se hace cierto: “la política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria”.

Pues ahora que ya no nos acordamos de los tiros por la espalda y de los artefactos explosivos en centros comerciales y casas cuartel con niños dentro, sólo nos queda apechugar con lo que hay, y rezar para que Marlaska siga desmontando las concertinas de la valla de Melilla, pues es históricamente público y manifiesto, que en los países cuyos gobiernos caen en manos de “estas gentes” (véanse los recientes ejemplos de Cuba y Venezuela) los ciudadanos salen despavoridos en busca del pan nuestro, del papel higiénico y de los medicamentos, y posiblemente seamos los españoles los que tengamos que saltarla para escapar de este desaguisado.

Los efectos no han tardado, las peticiones de amnistía e indultos a criminales presos están aflorando como los champiñones. Y no me refiero a los políticos presos por rebelión, sedición o golpe de estado sin derramamiento de sangre, sino a los del coche-bomba, el zulo, maniatados, ojos vendados, y el tiro en la nuca.

Y todo esto orquestado por los “ahora y siempre” “coleguitas” de Sánchez e Iglesias, que sin acatar la Constitución, sin condenar el terrorismo, y jurando sus cargos por la herriko-taberna de su barrio, han alcanzado ¡Ilegítimamente! El poder.

Pero que podemos esperar de Pablito, si lo que vio en su casa al volver del colegio es a su padre con una pistola aún humeante de asestarle un tiro a un policía ¿A quien creéis que va a apoyar Pablo?

¿Quien dijo que ETA se ha acabado? Una organización terrorista se acaba cuando entrega sus armas y sus miembros están en la cárcel o arrepentidos, que no es el caso. Ahora sin pistola (que sepamos) y sin capucha, se sientan en las poltronas y entre todos les pagamos los gastos y el sueldo. Todo esto, con el beneplácito de quienes los necesitan y cuya cobardía en beneficio de sus egos y sus réditos particulares les hace ser partícipes de los males de los demás.

Desde esta sobremesa dominical, cuyo puro de los domingos, me sirve para inspirarme y teclear estas letras y como de costumbre tener una excusa para enviar un fuerte abrazo a amigos y familiares, (aunque a los de Venezuela ya los tengo aquí, y veremos a ver donde nos vamos todos luego) sólo espero, que al menos este habano no me falte, ya que viene de donde viene, y uno a la semana no creo que haga daño.

Ramón Galindo
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