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Carpe Diem

Muchos recuerdos pasan por la mente nada más entrar en este espacio maravilloso llamado ‘Huerto de las Bolas’ , conocido así por los remates de las pilastras de sus verjas, joya del Modernismo rural en Cartagena a la que se le ha comparado con el Parque Güell de Gaudí en Barcelona, 5000 metros cuadrados llenos de abundante vegetación de todo tipo y elementos decorativos maravillosos, hechos realidad en azulejos únicos con infinidad de formas y colores, sabiamente combinados en bancos, fuentes, macetas, miradores y escaleras que configuran en su conjunto este magnífico espacio.

Todo esto lleva al año 2000 cuando este magnífico entorno es declarado por la Dirección de Cultura de la CARM zona BIC (Bien de Interés Cultural) , posteriormente en Mayo de 2007, siendo Alcaldesa Pilar Barreiro, el Ayuntamiento de Cartagena adquiere la propiedad de todo el conjunto del que poco después se haría una concesión del Edificio Principal para que sirviera para la creación de un restaurante.

Mucho se ha escrito desde entonces y varios intentos incluso de los servicios municipales de rehabilitación para mantener este espacio en perfectas condiciones y poder ser visitado por todos los vecinos y vecinas de Cartagena.

Hoy en día a duras penas se mantiene el edificio principal gracias a la encomiable labor del dueño del restaurante que, pese a las difíciles circunstancias, continúa trabajando en el edificio para que no pierda su maravillosa arquitectura.

El resto de la finca está en unas condiciones de dejadez impresionantes. Literalmente da pena ver como todo está deteriorado, abandonado y roto, como esperando su fin sin que a nadie le importe. No seré yo el que venga a inventar nada, ya llueve mucho sobre mojado, pero hablamos de un lugar tan especial que debería de estar abierto para ser contemplado en toda su grandeza, donde escuelas taller encontrarían su lugar perfecto para trabajar y aprender.

No es difícil dejarse llevar ante tanta belleza, imaginar, soñar y elevarse a otro nivel y me atrevo a decir hasta soñar porque todo aquí impresiona y te hace exclamar a cada paso que vas dando, pero la cruda realidad nos aventura su extinción como no pongamos soluciones entre todos. Lugares como este merecen que nos paremos un momento para apreciar lo bello de la vida, y aunque parezca frívolo ya os digo que estremece pasearse entre tanta belleza y pensar que puede desaparecer por culpa de nuestro silencio.

Todavía se puede hacer, no dejemos pasar más tiempo con promesas falsas y salvemos algo tan único y especial como el Huerto de las Bolas. Hagámoslo nuestro como algo querido y entrañable. Evitemos que se pierda este gran tesoro que tenemos en nuestra ciudad.

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