José María García Hernández Vocal de comunicación del Colectivo GALACTYCO
José María García Hernández Vocal de comunicación del Colectivo GALACTYCO
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Sin saberlo, VOX, sus palmeros, y toda esa gente que parece que ya no repara en insultar y vejar al movimiento LGTBI, en el fondo, nos están haciendo un favor.


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Cuando asumí la presidencia del Colectivo GALACTYCO, cuando lo fundamos, allá por el 2008, en España y por ende en Cartagena y Comarca vivíamos de las rentas activistas.

Tres años antes, el matrimonio igualitario era una realidad en nuestro país aunque estuvo/estuvimos recurridos más de siete años por el Partido Popular, los mismos  que dicen que no tienen nada en nuestra contra. Sin embargo,  mantuvieron a nuestras familias en una angustiosa amenaza. Una amenaza que un tribunal español, el Constitucional, desestimó un frío martes de noviembre. En el 2007, se aprobó la ley de identidad de género, entre otros muchos logros. Y además, ser o tener amigos gays, era cool.

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Muchas personas, y lo más triste, personas LGTBI, cuestionaban la labor de las asociaciones, en este caso del Colectivo GALACTYCO.

Se pusieron muy de moda durante estos años las archiconocidas frases manidas como; ¿qué pedís ahora si ya os podéis casar? ,no necesitamos que nos representéis, o las Leyes nos ampara, entre otras.

Me viene a la mente una mesa redonda que celebramos durante un ENORGULLECT (El orgullo de Cartagena), que se tituló “La ley nos da el derecho, ¿nos das tu el respeto?

Porque éramos conscientes de que la Ley, la Constitución, etc., nos protegía, pero lo que no sabíamos era si teníamos el respeto social, asegurada  la convivencia, o era  posible ser visible.

Hace pocos años, no era todo tan de color arcoiris, y ver una bandera de la diversidad en determinados lugares o que miembros de los colectivos LGTBI empezáramos a alzar la voz en defensa de nuestros derechos, no estaba muy bien visto.

Tuvimos momentos que faltó muy poco para tirar la toalla y para que, como dicen por estas tierras. ” que cada perrico se lama su rabico”.

Sin embargo, y como ocurrió en muchos otros territorios, hemos permanecido activistas, hemos permanecido trabajando para no dar ni un paso atrás. Porque ningún derecho conquistado es irreversible , y por muy poca historia que se conozca, antecedentes en retrocesos sociales , haberlos, haylos.

Luchamos en los registros  civiles por  las mujeres lesbianas que querían inscribir a sus hijos ambas como madres, porque así lo eran, y había jueces que lo negaban porque si.

Luchamos con las personas  trans, que asistían atónitas, a un mundo burocrático que no les dejaba ser.

Luchamos para que padres y madres no tuvieran que estar tachando formularios en los que su familia no estaba representada.

Luchamos para que nuestras mayores no se sintieran solas.

Luchamos por una Ley LGTBI autonómica, que aunque sigue sin aplicarse, nos da un respaldo legal.

Luchamos por una educación sin armarios, para que nuestras jóvenes se sintieran cómodas en los centros escolares y no sufrieran por su identidad u orientación.

Luchamos contra empresarios LGTBIfobos que despedían a sus empleados por sus gestos o porque no se sentían cómodos.

Luchamos por defender a nuestras familias. A todas.

Luchamos por nuestras compañeras de otros lugares del mundo, en los que amar aún cuesta la vida.

Creamos lazos con tantas y tantas compañeras que desde su activismo luchan por un mundo más justo e igualitario.

En definitiva, luchamos por hacernos un hueco de forma transversal en todos los sectores de la sociedad, porque como seres sociales que somos, cualquier tema, cualquier reivindicación, en mayor o menor medida nos afecta.

Y, ahora que parece que hay sectores políticos y mediáticos que les gustaría volver a las épocas del triángulo rosa, del aceite de ricino y el señalamiento público con el consiguiente perjuicio social y familiar, es cuando recogemos los frutos.

El activismo es algo que se hace porque se cree en ello. Y no son necesarias palmaditas en la espalda. Pero la sensación de predicar en el desierto ha desparecido. Ahora son muchas las personas, sobre todo LGTBI que te paran por la calle o te escriben por rrss agradeciendo tu labor activista.

Seguramente lo podíamos haber hecho mejor, si, pero lo hicimos lo mejor que pudimos y supimos. Siempre, pensando en el bienestar general y restando horas a nuestras familias, nuestras amigas, nuestro ocio, etc.

Ha merecido la pena luchar, porque hemos creado un dique de contención ante amenazas que creíamos extintas,.

Sabemos que el Estado, independientemente de quien gobierne, posee los mecanismos suficientes para proteger a las personas LGTBI, para defender los Derechos Humanos.

Sin embargo, sin el activismo, hoy, hablaríamos de nuevo de tener que conquistar el respeto, la convivencia y la visibilidad.

 

 José María García Hernández, vocal de comunicación del Colectivo GALACTYCO

@al_qartayanni

 

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