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«Turismo para gente inteligente» un artículo de Juan Eladio Palmis

Juan Eladio Palmis
Juan Eladio Palmis

Dicen los lumbreras que entre todos han llegado a la feliz conclusión de que lo mejor que se puede hacer en Cartagena y desde Cartagena es, con su fascismo habitual, casposo y trasnochado, insultar clasificando a los posibles visitantes de una ciudad, que, por otro lado, los mismos lumbreras, saben, o deberían saber porque forma parte de su obligación, que el turismo ha sido, es y será, pan pijo y habas para las ciudades que intenten vivir de ello, aunque se llamen Cartagena y en vez de un alcalde tengan tres y así no rinden cuentas.

El intento y logro de cambiar la actividad industrial y comercial que había, y que el trío y sus bailadores se han encargado en rematar por la turística de piedras derruidas y campos llenos de basura; y, encima, insultando a los posibles visitantes desde la municipalidad, da para un capitulo completo del Cartagueto del enchufe y el amichi, que día a día se supera en gilipollez así mismo.

Conforme que la rica lengua española, para gente del prestigio lingüístico que los lleva, generalmente, como herramienta de valores donde están pasando sus años laborales, le cabe todo. Y parece que modernamente los estúpidos sajonismos y todo lo que huela a extraño, es un signo de una cultura rara, llena de lengua real; pero nada más.

Porque si un turista que llega a Cartagena, equivocado o no, lleva en su mochila elementos pertenecientes a la tecnología al uso: teléfono con internet y aplicaciones hasta para orientarte en el modo más conveniente de limpiarte el trasero; Al tiempo que dispone de tecnología para hacer y hacerse fotos. Tal cosa no quiere decir que el citado visitante sea una persona inteligente, sino que va equipado con mucha de la tecnología comercial moderna, pero que, difícilmente, si es español, la ha inventado él.

Para que una persona sea inteligente, tiene que destacar en su intelecto con sus saberes por encima de los demás. Y si eres tonto de baba, y tu papi, tu mami, o tu tito o tita, te compra un teléfono, o desde el ayuntamiento cartagenero te dicen que si visitas Cartagena ya eres un tío inteligente, la cosa se acentúa al extremo en el que estamos; que un grupo de “listos pillos”, que no inteligentes, nos están desplumando de todo, entre los aplausos por si este verano hay cojones y se encuentran muchos inteligentes que quieran venir a respirar en Cartagena radioactividad cancerígena, y después irse a darse un bañico en el Mar Menor Muerto o a Portman a ver si ya se queda del todo impotente, o se le cae la chorra a pedazos y el chichi se le queda a cuadros.

De los cien puntos o asuntos que iban a solucionar la Trinca respecto a las necesidades urgentes de la ciudad. Como, al parecer los han resuelto todos exitosamente y en secreto, al estilo que se resolvían los asuntos en el franquismo que había que leerlos en los periódicos del régimen, y ya son sisas pasadas y todo el presupuesto multiplicado por tres bocas y asesorías para la primavera ya está agotado el anual, el único trabajo es, juntamente con sus incondicionales trompeteros mientras exista el anuncio subliminal, tomarnos por tontos de baba.

Aunque sea caer en saco roto, una ciudad que todo su patrimonio cultural real, por desgracia militarista, lo ha dejado caer y está en una ruina total, lamentable; que sigue dentro de las dos o tres ciudades españolas que ya quedan con radiactividad peligrosa; que como ejemplo de cortijá única se ha cargado asesinando al Mar Menor Muerto y en vez de estar en la cárcel sus asesinos están más aplaudidos que nunca; que ya tiene fama mundial de ser una ciudad escombro anodina; no puede tener un turismo culto, tecnificado; porque la inteligencia está reñida con la tontería y la sisa chapucera.

Eladio Palmis
Colaborador

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