a piel mojada, a besos de sal, a arena
que moldea las huellas de los amantes del mar…
Atardeceres en calas recónditas
donde el tiempo parece detenerse…

Atardeceres con aroma a mar,
a murmullo incesante, a eterno oleaje…
a tonalidades intensas y cegadoras,
que al morir el sol se vuelven rojas como la sangre….

Atardeceres sobre el paraíso de Calblanque…»

Texto: ©Javier L. García Moreno
Fotografía:© Javier Lorente