Juan Eladio Palmis
Juan Eladio Palmis
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Porque en la compaña y el mangoneo de Ayuntamiento y Comunidad, a la vista tenemos los resultados de nuestro triste día día, en el que, encima, unos políticos que no tienen oficio ni beneficio laboral alguno, están totalmente creídos que con usar traje y gomina en el pelo, y no repetir vestido las mujeres, ya puede ponerse detrás de un atril y micrófono en boca paleta, e intentar reírse de todos nosotros exhibiendo su vulgaridad.

Pero claro, para la ocasión del nuevo Cantón que vamos a tener que refundar, ni vamos a tener que gastar sangre para tintar bandera alguna, ni va a ser necesario tirar un solo tiro; porque simplemente con una caja de zapatos llena del bicho coronavirus y un ventilador barato comprado en los chinos, no hay cojones que se acerquen a esta ciudad que, rodeada de basura por todas partes, seguro que somos todos, según el novísimo vocabulario, asintomáticos, y ni lo sabemos.

Pero somos asintomáticos en una enfermedad mortal, que se ha apoderado de una ciudad que fue pujante, viva, que unos directores sociales, que seguramente lo suyo, su formación, no dio nada más que para mesas de futbolín, o barras de bar, y cuando por culpa de unos partidos políticos dirigidos a su mismo nivel, por culpa de una apatía asintomática endémica cartagenera, pasaron al ordeno y mando, pensaron que los bares (su gran amor) y el turismo (deambular por la calle) era una base más que solida para que viva una ciudad.

La chulería política que nos mangonea, a la que por más que se le busque no se le encuentra ni un solo hecho favorable para nosotros la gente, y, a cambio, a todos los políticos, incluso a los que le estamos pagando sin ni tan siquiera conocerlos, se llevan todos los meses un pastazo, lo lógico sería que no nos insultaran en nuestra inteligencia como gente y pueblo, y no se carcajearan en nuestra cara.

Porque contra toda norma escrita y lógica, Cartagena coge el agua, presuntamente, contaminada de los niveles freáticos, la mete en los alcantarillados, y la tira al Puerto a pelo, en vertidos similares a los que han acabado con la salud del Mar Menor Muerto, sin que nadie esté preso ni en la cárcel pagando por semejante asesinato medioambiental, y tal salvajada, no es un asunto para silenciar y obviar.

Y menos, que tal vertido de agua presuntamente contaminada tirada sin depurar al Puerto, tiene obediencia a una cultura salvaje de expoliación, de desforestación, de destrucción del medio ambiente que, al final, nos va a pasar de seguir así, y los síntomas parece que indican que tenemos idiotez para rato, lo mismo que pasó con los mamones de los imperialistas militarista romanos, que solo quedó en pie sus coliseos, y, en nuestro caso van a ser los campos de futbol, para los que los millones no duelen, lo mismo que para las casas grandes, que llaman algunos templos, todo en espera de recoger votos.

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Por lo tanto, una ciudad que oculta absolutamente todo, y que aún teniendo a su disposición muchos tambores y trompeteros que “desinteresadamente” le darían al bombo sin parar, anunciando algo bien hecho que justifique por lo menos un solo día del dineral que nos cuestan todos los inútiles que estamos manteniendo, ya se está a “boca mina”, y, o nos movemos ya haciendo un cantón independiente con nuestra caja de zapatos llena de bichos al lado, o poco a poco, al paso seguro que van sin descontaminar los suelos radiactivos, y convirtiendo al Puerto en un muladar como el Mar Menor, nos enfrentamos a algo totalmente desconocido.

Y lo desconocido no pasa precisamente porque “el vamos a estudiar” el “vamos a hacer” sea la solución a lo que ya llevamos pasado y visto. Porque servidor, por anotar un página, que está metido con los vecinos en el asunto de la descontaminación de los suelos con radiactividad cancerígena, sin presunción alguna, sin duda de ninguna clase, por lo que uno lleva caminado y visto, el ayuntamiento de Cartagena es el enemigo número uno que tenemos ahora mismo contra todo lo que nos puede venir bien a la gente.

Veremos si algún país saca una vacuna para asintomáticos apáticos, en probable paso a gilipollería; todo muy lejos de la dignidad de aquella Cartagena cantonal.

Eladio Palmis
Colaborador
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