Juan Eladio Palmis
Juan Eladio Palmis
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Los que hemos vivido de lleno el militarismo de Cartagena, si después te pones a estudiar la Historia verdadera de España desde que el clero vaticano, corriendo el siglo XV, cogió el poder total, que todavía no lo ha soltado, entronizando de mala manera y con malas artes a Isabel en la corona de Castilla, la pregunta práctica, dejando de lado sones de tambores y toques de trompeta patria, más o menos gira en el entorno del título: ¿Y pa qué sirven?

En la última intervención milico-católica, el proceder del brazo armado del clero: el ejército que cobra nómina en España, su trato para sus propios compañeros, el perseguirlos como perros rabiosos porque no quisieron alzarse contra el gobierno resultante de las urnas, no ha tenido, en toda la historia contemporánea y moderna de Europa, un sadismo ni una persecución mayor, que se ha tenido muy oculta y obviada hasta tiempos muy recientes.

Es decir, que entre los propios militares de oficio y profesión, los que dieron el golpe de estado haciendo de brazo armado del fascismo prácticamente mundial, no tuvieron consideración ni respeto alguno ni para sus propios compañeros, y dejaron los nuevos escalafones pelados y limpios para que todo el mundo llegara con el tiempo y unas cuantas cañas, a general.

Y si su comportamiento con sus compañeros fue increíblemente cruel e innecesario, entrar a acunar a los civiles y cantarles nanas antes de fusilarlos, fue una terrible canción que como un aire polar, recorrió España ante el agrado manifiesto de la gran banca, del sucio capitalismo mundial, que, después, tiene una necesidad clara de desvirtuarlo todo; de contar una tras otra mentira tras mentira, y preparar y formar y acosarnos a las gentes para que nunca viéramos que no hay nada más manso y manejable que un pobre necesitado que al volver cualquier esquina se pueda encontrar con la boca de un fusil que él mismo con sus dineros ha contribuido a comprar.

Llenar la historia de grandes victorias; pero que en la realidad países enteros de la capacidad productora de recursos como puedan ser Las Indias, que una a una todas sus repúblicas las perdimos por culpa de Francia, Inglaterra, Holanda, y, posteriormente por los EE.UU, actuando la mayor parte del tiempo cada país de los citados a su propio aire sin alianzas, no da para tirar muchos cohetes festivos de un imperio más religioso católico que español, que todos los recursos espoliados los empleo en mantener funcionarios ejemplares como funcionarios en una función a la española; y hacer dorados retablos, edificios religiosos, y grandes batallas defendiendo los interese del Vaticano.

Y mientras el humanismo, el poder civil, hacía grande, económicamente y en justicia social, a países de nuestro entorno como Francia, Inglaterra, Holanda y muchos más, aquí se glosaba el gran poder constructor de los Cartujos y los Jerónimos; la belleza y necesidad social única de las catedrales y colegiatas; y no recuerdo haber leído renglón alguno, al margen de que el que quiera cura que se lo pague, que a todos los religiosos había que fusilarlos.

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Otras ciudades pueden tener menos información directa de pa qué sirven los militares; pero Cartagena, su ciudadanía, que todavía sigue sufriendo la actividad favorita militar de poner letreros de Zona Militar Prohibido el Paso, tiene experiencia suficiente para saber que si existe un banco financiero, por letreros, no se va a parar la cosa.

Eladio Palmis
Colaborador
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